¿Qué hubo
de temor y aurora
entre
la callada corteza
que mi madre tejió
tal zoquete de lana
y
antes que la piedra
que los huesos liga
despreció su mano y contraste,
en ese descuidado equilibrio
que se vuelve sobre sí mismo
y se excluye de dudas y relieves?
El don de procurar
advenediza memoria,
y la herida y la puerta falsa,
y la causa múltiple,
y el arriba abajo,
y el cáncer,
insinuación táctil
que la materia expone
a engaño y consuelo
de algo tan sesgado
como alma del no ser.
Y ella,
en la estrecha significación
de la tierra y los rebaños,
testaruda ,
en realidad leyenda negra,
sin mezcla de intuición sensible
y diversidad corpórea,
ni en noviembre,
ni en su bolso con sal,
ni en los surcos donde
cultivaba cardos, papas
achicorias y remolachas,
ni en su calculados pasos
durante la guerra;
y ella,
y no arraigada
en aquellos oscuros magnolios
aldeanos,
apasionados de simpleza
y pegoteada usanza;
ella,
en la negación
de las partes separadas,
a despecho de otra luz
y fértil cambio,
con llantos y desolación,
privada del uno que limita
y el agrio ruido
que se recorre nunca.
- Inédito -
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