Mi viejo
le robó a un indio
tres mulas de silla
y una lanza de museo.
Puesto en cárcel
sin saber
que su propietario
era el cura Agnezzi
y agregó que no eran para sí.
Fue condenado
a dos meses de tifus,
triple porción de hostias coptas
y un cáliz perdulario.
Esos fueron los tantos días
en que el diluvio del 32
no dejó intactos
los campos de algodón abisinios,
donde nadie se acordaba de Rimbaud.
- Inédito -
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