miércoles, 8 de febrero de 2023

Cristián Gómez Olivares (Chile, 1971)

 

PALOMAS TRISTES POR LA PENA QUE FUMARA
 

.
Los soldados japoneses no entran sino que se arrojan
a la batalla. Los prisioneros de guerra defienden
su derecho de no comer. Los campesinos de la zona,
el de venderle a bajo precio a sus captores.
Afuera está nevando, no tenemos otra ocupación.
Ya no tengo edad para escribir poesía, dicen
esos amigos que hubieran preferido verme –y me han visto
flameando con el viento en lugar de los velámenes
de un barco fantasma demasiado familiar
con la literatura de los últimos doscientos años,
y tal vez tengan razón: debería vender esta biblioteca
al mismo precio que la compré, pesar los libros x kilo
y entregárselos al mejor de los postores, puede
que alguien se decida a inventar una nueva poesía
que brote de los cuerpos nauseabundos de los soldados
metafóricamente japoneses, heridos por una eternidad
bajo el sable del enemigo, las balas del enemigo, las bombas
nucleares del enemigo (¿han pasado de moda
las que fabricaban con hidrógeno, las de racimo
que alimentaran la economía de nuestro
país, las teledirigidas por los niños
que dibujan sus casas para hacerlas explotar?)
Comunista bueno es comunista muerto
se oía decir en el patio de un colegio de clase
media, a mí nadie me ha regalado nada
era ese tipo de oraciones que algunos se tatuaban
en la espalda para no tener que rayar colindantes las paredes
y salían a despedir el tren de las seis de la tarde
jugando tiro al blanco con las cabezas de los pasajeros:
lucrativo es refugiarse cuando se tiene a mano el escondite
pero aún más beneficioso resulta esconderse a plena
luz del día: cierro el manga que estoy leyendo
sobre la segunda guerra mundial y veo las polillas
girando en torno a la lux que hace un segundo
alumbraba estas páginas. Los monjes
budistas crean una figura de arena de distintos
colores para deshacerla una vez que la terminan.
Yo me lo he ganado todo con mi propio esfuerzo,
leen los monjes mientras pasan por el lado de un muro
donde dos tipos con cara de inocentes son incapaces
de ocultar las manchas de pintura que ostentan en sus manos.
 
 
(Fuente: Daniel Freidemberg)

No hay comentarios:

Publicar un comentario