“Yo me quejo, Tarumba, de estar sirviendo a la poesía y al diablo.
Y a veces soy como mi hijo, que se orina en la cama,
y no puede moverse, y llora.”
Jaime Sabines (fragmento de su poema Tarumba)
Ruego poético
Ruego poético
En estos tiempos aciagos
cada uno se sienta
en su sillita de comer
y traga apurado
antes que venga el vecino
y diga
me despidieron
Entonces haya que mirarlo con pena
decir un discurso justo
con voz de me la sé toda
y agarrar el tenedor
para comer polenta
del 1 al 31
Cuidan la sillita de comer
puteando solo para mostrar
que desde la guardería
a la universidad
no faltaron un día
a las lecturas rebeldes
20 años de estudio
para temblar de impotencia
ante tacones de moda o libros
que no alcanzarán
para pagar la dignidad
Mientras grita el agorero
cuidado
en todas partes hay un traidor
que quiere dos sillitas de comer
y ya se sabe
el que se fue a la villa…
Nadie es culpable
de largar su mal olor
en flatos pestilentes
Oh glorioso intestino
Oh digno que te retorcéis
para que nuestra inclinación
sea por algo más latente y vivo
más honroso
que la apretada sillita de comida
Sí, sirvo a la poesía
y a todo lo opuesto a ella
Quién levantará su dedo acusador
quién tan osado para decir
escribí y amá
quién tan arrojado
que pague el alimento del poeta
sin mencionar la limosna
sino que dé lo justo
por las místicas horas
las sudorosas y amantes carencias
A los poetas se nos pide
poemas de amor
cuando es el día de
(aunque no seamos merecedores de caricias)
poemas contra la guerra
cuando el mundo se incendia
(aunque no prendemos ni un fósforo)
poemas de fe
para agarrarse a nuestro fulgor
(aunque burlas por él hemos recibido)
Y pedirán más
Si nos ven sentados con los burócratas
dirán: este se las da de poeta
y cuando huelan cómo comemos
la carne que ellos tiran
dirán: eso es ser poeta
Poéticamente se los ruego
ocupen sus manos en lavarse
antes de usarlas para aplaudir
un solo verso
o para señalar palabrotas
hambrientos de superficial belleza
No voy a dar cuenta de mis poemas
a los aplaudidores que tiemblan
por quedarse sin la sillita
y nosotros con rimas
de dudosa reputación
rogándole a los intestinos
que aflojen
que cada quien
se haga cargo de su mierda
y de su decoro
Ana Gracia
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