viernes, 3 de febrero de 2023

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000)

 



FRENTE AL BALCÓN

 

 
¿El alba es el renacimiento o
la promesa del futuro en limo
de tinieblas eternamente en calma,
redimida?
 
Meramente, una madrugada clara,
me acerqué al magno vidrio del balcón del ámbito
en que se come; donde, profusamente,
se lee, fraternizando se abren las palabras
y, a veces, se escribe.
 
De ello, nada en mí estaba ausente,
pero ahora estaba solo con sus
cálidas sombras; atento a los regueros
que el frío matinal pudiera
irrigar los cristales.
 
Fuera, la alborada sutil parecía
implorar urgencia lumínica,
un apremiante prodigio de certeza;
 
pero no fue de fuera: breves pasos,
como rasando tierra celeste, gráciles
y postreros, acercaron a mi padre a mi lado:
tenue sonrisa, como esbozada por un pincel
matizado en el cromo de la gracia,
me veló, la velada trama sanguinolenta
de sus ojos.
Sólo dijo: “Esa plantita
(que él había hincado
y nutrido)
está oscura,
pero de un rato va a amanecer”.
Ajeno a las metáforas, sólo quiso decir:
“Esa plantita
(ese Jazmín del País)
está oscura,
pero de un rato va a amanecer”.
 
Yo confirmé, sin hablar, como
ratificando una profecía angélica,
y vi sus ojos plenos de un rojo de amor
y, tal vez, de plácido perdón.
 
Luego, cayó levemente en mis brazos,
oscilando entre vida y muerte su cuerpo,
ya consagrado por la asunción del Límite.
 
Así, sin lamento, sin duelo,
sin rencor, sin gritado dolor,
vi, entre las cribas del follaje
próximo al ventanal, hacia el oeste,
resplandecer el oriente de la aurora.
En mi íntimo espejo me vi:
cerniéndome en la ingénita visión,
viví.
 
 
(Fuente: Cecilia Pontorno)

 

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