miércoles, 15 de diciembre de 2021

Pavella Copolla Palacios (Chile, 1963)

 


DEL SILENCIO DE LOS ANDAMIOS

 

Y se quejan.
Modulan senos de mujer atrapada
y lloran cuando ella en tanto
los desama sin permiso.
Pero lloran para adentro, porque allí
dentro del silencio perdura
y los aquieta.
 
Se avecindan en playas y pisos
de tierra
y muestran sus ojos modestos ante rubias
encendidas y se aferran a sus risas.
Los hombres son del silencio.
 
No abrazan. Sólo -a veces- abrazan
También existen tiempos que aman.
Presumen siempre los martillos.
Pero, se revientan el pulgar
y el corazón y los ojos
y sangran como recién crecidos.
Los hombres pertenecen al silencio.
 
Lloran, lloran mucho los hombres.
Surgen de astillas cuando
los maderos apagan sus sonrisas.
De vienen cortas, bravas, amargas
las respuestas cuando arriba trémulos
los hombres a sus casas.
El cansancio los somete
y nos aman,
se duermen, sencillos.
Y los críos se les avalanchan
y los besos justifican esas manos.
 
Hacen puentes y oxidan aleros
que unen norte y sur.
Construyen abanicos y despulgan perros,
los hombres.
Masajean a sus hembras
con exactitud, pero, torpes
al principio.
Consiguen el pan y trabajan mucho, mucho,
los hombres del silencio.
 
Esos hombres cansados huelen
a fríos.
En qué al turno de las cinco.
Sus atiborradas espaldas inflaman
roces en las micros y les usurpan
al viento grises andamios
y gotas y escándalos
y los miro.
 
Lloran, lloran mucho los hombres.
Los hombres son del silencio
 
 
 

EL PESO DE LA MEMORIA

 

Te sientas en una butaca de este oscuro cine,
que es la vida, comadre calavera.
Y ambas jugamos a un espanto flaco.
Ya el resto del público hizo abandono del auditorium,
y nuestro espectáculo es lo único que persiste.
La tierra nos aplasta y apenas si respiro,
la publicidad y el consumismo me han inventado
la ronda del Dos Mil:
"Hubo una vez un tío, que de huesos se sostuvo
en el ayer, hoy únicamente posee el verbo 
 
 
 

DESAPARECER

 

Concluimos nuestro juego y me convidas un cigarrillo.
Tus dientes castañean, ¿acaso de frío?
Te tomo de la mano, puro hueso,
y me cuentas cómo eras, cómo tu cuerpo vivo antaño hacía el amor,
de qué manera eras cuando eras.
Y ríes hecha de ayeres, y destilas esqueleto,
ojos ausentes en el hueco donde persistiera
tu mirada, y adentro de mi propia palabra
presiento el absurdo que me carcome
mientras miro.
Hoy ha sido publicada la noticia
de tu hallazgo,
comadre calavera,
Allá en el norte. O en el sur.
Doscientos cincuenta pesos
he pagado por la entrada a esta función
de gala en el reino de los desaparecidos.
 
 
 

NO VENGA LA SANGRE SILENCIOSA

 

Esta hora apenas ha sido en esta casa
no hay hábito, murmullo bajo
el damasco no venga el vacío
antes de la puerta
la mancha en el cemento dormido
antes del roce.
No venga el vacío encima de la lengua
no apresure el verde grito
no regrese esa misma gota
no levante mi párpado,
yo ya me he ido.
No venga la sangre por detrás
y añada rojo al último silencio.
Fijará una dirección peculiar
la madrugada
para cerros, destinos.
Todo será tibio, una mano dormida en la tierra
del patio la piel indecente
en el inicio de la ventana
la diagonal del huracán
en tu pie descalzo
cuando ignoremos la puerta cerrada.
No venga otra vez más sangre, mira:
el techo plano sin pájaros,
el sol acostado encima del odio,
la directriz inacabada del relámpago,
mi mano en nuestro naranjo.
No venga la sangre silenciosa
a fingir el umbral destartalado,
la olla infinita,
el resguardo del buscador encima del tronco.
La casa huyó. Yo huí en ella.
Echamos al agua un puñado
de arena y el porvenir del latido
en el corazón del viento.
 
 
 

SANTIAGO EN CÁMARA RÁPIDA

 in memoriam Rolando Cárdenas

 

Como elástico de honda furtiva
la ciudad en el espacio del acróbata
es ala escribiendo
velocidad que se despeina
en la hora de la adolescencia quebrantada.
 
Descalza
los árabescos estampan
una veloz mancha
cuerpo transitando entre corbatas.
 
De súbito los personajes
de rolando cárdenas se incorporan al festejo:
el ladrón tras el skateboard traslada una gallina
inventándose el viento en plumas de la clueca.
Melodiando tangos el organillero
en tocata y fuga
me enrostra la necesidad
de no ser esperpento
antes de ahogarse el corazón
del walkman
en oscuro sintetizador manco
de manivela.
En vano muge el afilador
de cuchillos.
El filo traza la herida recta
medio a medio
se taladra la tabla
la gota de llanto
entre dos tajadas
como la pretérita resbalando
por el ojo del poeta.
 
 
 

NO SERÁ EL MAR UNA LOCURA

 

para Sergio Ojeda
 
 
Qué partícula segrega la ventisca,
qué desperdicio recorre la superficie del dedo meñique,
mientras toda luz voltea la albacora, qué insinuación
define el manejo de tu boca
si nada señala la sombra anticipada,
la brisa principal, polvorienta,
cuando el caballo husmea la leña del vecino.
 
No es ajuste de cuentas,
ni vendetta, ni ceño aburrido,
menos niebla entre manos perpetuas,
ni barco quisquilloso moldeando
el atril sobre la tela.
Simple empuje de polea antigua, quizás;
mecánica del ombligo del abuelo del abuelo
ese viento soplando de allá para acá
entre el resuello para deslizarnos
desnudos sobre la arena.
 
No sé cuántos segundos nos hundiremos
en el fondo de este mar,
por cuántos minutos abundará
en el puño azulado
la penumbra del ojo ausente,
cuánto peso sostendremos,
desconozco si la raíz, si el caballo,
si la sombra con su revés apartarán la ley de mirarnos,
tampoco por cuánto la albacora
en su locura ordenará la inquietud de mi tiempo.
Yo tengo preguntas.
Las junto como loca.
La albacora me dialoga entre desperdicios
cuando ruge el engranaje de troncos fecundos.
Atesoro preguntas como loca
y ojos viejos en botes husmean
con mi lengua
porque diseñan el mar.
Atesoro jaibas, conchas de choros plateados,
preguntas como loca;
la albacora me dialoga,
pero los botes han desdeñado
el oficio celeste de mis uñas.
A estas rocas las moldeó
lo desconocido,
asperezas de sombras anteriores,
posibles materias del tiempo,
expresiones de mi adelantada irá, antes del viento
en tu cuerpo en el mío.
A estos peñascos los arrastró
el otro -aquél- fuego.
No sé cuántos segundos nos hundiremos
en el fondo marino, cuánto océano acá dentro,
cuántos crustáceos, cuánto molusco,
cuánto verde, cuánto frío.
Tengo preguntas.
La albacora me enfrenta entre desperdicios
cuando ruge el engranaje acuoso,
barcos estremecen en navíos
sin fin.
Manchada la vía láctea desgarra
el ciclo nocturno,
pero tú y yo sumergidos.
La buscadora, arriba: continúa temblando, es azul.
Ya no fue vendetta hundirnos
en el mar ni locura.
Otros dirán que sí.
Asombrados
los pájaros.
Dejalos
 
 
πvre
La Buscadora(2001)
Boceto del Desborde(2006)
Fragmentos Para una Literatura Desbordada(2010)
Los Poemas Muertos(2011)
E/o
RÍOS√2021
 
 
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario