Cuando llora
el cocodrilo
se desorganiza
la palabra,
así
aburría Protágoras,
esencialmente relativo
y brutal cirenaico.
No sentía amor patriótico,
escupía la escarapela,
no entonaba los suprahimnos
divinos
y huevadas por el estilo,
reputado como inobsequioso
y desligado de connubio,
pronto fue pasto del olvido,
tanto en Siracusa,
cerca en Megara,
lejos en Numidia
y las bocas del sol.
Años más tarde,
Buffon tronaba
en la Academia:
la hiena no acepta el precio
de rescate
y el lagartón
nutrido a la miel
y brazos destazados,
cierto y absurdo,
eran virtuosos
ejemplares de museo,
a sola forma y demostración.
Hallarse junto a una idea
es defecto y no precisa intemperancia.
- Inédito-
De "La vitrina de Esopo".
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