"Onoranze funebri"
la distracción de la palabra,
el propósito
sepultado
que Zeus argumentó
entre el tamaño y la cosa.
Lengua terrestre,
círculo vicioso.
¿Existe la duda universal?,
¿la sustancia sensible?
¿el fragor del poroto
que hierve en la olla?,
¿o es el agua que oculta
al verdugo que bulle en ella?,
¿su ordenación graduada,
su mutable ornamento,
la división que procura?
Sea el ser,
disponga del ser,
juicio en sí,
el tener y el padecer;
una pierna se aparta
de la otra,
cree que se desplaza,
¿representa una categoría
o goza pleno acuerdo con la realidad?,
así sea un vínculo cuantitativo
como fuera apariencia dialéctica.
Por tanto, unidad física,
polémica
sin concreción,
miriñaque.
La ley prescribe,
el aceite la engulle,
nace o muere,
anima las disputas
y las quiere aplacar.
No hay nexos:
la noche fermenta
y el día se postula libre;
corruptible azar,
número según acto violento.
¿Qué hay tras la reducción
de la primitiva carne a hueso,
a reagrupadas partículas
o bocado mal digerido
por el apuro y la divergencia?
Uno mira en conjunto
y otro en demasía,
y aquel no lo hace,
acuciado por el disturbio
y la caída de una moneda latosa.
Oscuridad y brevedad,
combate,
brillazón armada,
oratoria
del tigre con dientes cariados.
Lo cognoscible
y lo que veremos luego:
vacío y una perla,
un coágulo y la estoica higuera
que lo absorbe y no se tiñe;
ni el fin máximo
ni la hiena que se huele,
el exterior
y su tercera parte.
- Inédito-
De "Treinta poemas italianos del norte"
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