¿QUÉ ES LO CIERTO?
¿Qué es lo cierto?
La voz es un temor que devora.
La voz existe sin signos, sin fuego,
como un desfiladero natural
en el seno del abismo.
En los días y en las noches,
las horas
nos engranan como un mecanismo enigmático,
como si lo inefable resplandeciese
y un escudo cubriera de estupor nuestro viaje.
Descubro que hay un mundo lleno de aguas aparentes
Que yo miro desde lejos, porque
no sé romper
el hilo confuso.
Miro desde lejos porque hay mucha vida reposada,
muchas caras que denuncian
las sordas campanas
Y ya no puedo soñar, porque creo:
Ni puedo esperar, porque levanto
un sello, sólo uno
y cuento mis días ordenados
en el arca.
Mis ojos son una marea animada por la turbación;
Mis ojos asidos a un calor
que va quemando
sus memorias
Desandando todos los duelos
para quedar en extraña permanencia.
Pero grito, ardo, cubro de lágrimas
mi desnudez sombría;
Y no hay mano que toque
mi cabello
ni quién conozca el país
en que desbordo mis cantos,
Ni pie que tiemble al contacto
de la tierra.
Era el tiempo en que todas
las puertas
permanecían selladas
Y se podía ir y venir por el aire
sin que un estertor
nos transfigurara en carne macerada:
Con una alegría rebosante
y un sueño fijo
o presentido,yo huía sin saberlo;
Huía de un aceite que seguía
mi rastro
como diestro perro nocturno,
contaminando el vacío,
Y seguido a su vez por fieras avezadas en el mal.
Mi quimera entraba y salía
del tiempo,
estaba en su lugar natural,
Se nutría de hechos comunes,
de años prohibidos,
de sales duras, sordas.
Y mi alegría se consumía adentro del reloj detenido
en un breve espacio negro
que enseña
la perseverancia.
En adelante, me dije, yo mismo seré
el círculo y el árbol,
Yo mismo entraré en el silencioso nombre de las cosas.
¡Yo mismo! He aquí que hallo
un cuerpo lacerado,
que sólo sabe temblar,
Un cuerpo polvoriento que cuelga de la sombra,
fiel a su unidad con la piedra
de su origen.
¿Qué toca mi mano cuando
tu mano toca el límite?
Ciego estoy, y nada me calma.
Oigo que un mar que me ama crece y crece,
y será él quien arrebate mi última tabla,
sin saberlo.
Ciego estoy, y quiero ver la destrucción;
Quiero ver como se mezclan
las semillas
de estos hombres que pasan
sin rozarme.
Quiero ver la palidez de mis muertos, sus sienes
sin horas, sus caras fugitivas, permanentes, tristes,
Hacinadas en el corazón
como una ruina que arde para siempre.
Vivo de un labrado antaño,
de un detenido azar,
de lo que he dejado olvidado
en los rincones.
Vivo debajo de las torres
que mi memoria alza,
conducido por signos nefastos.
Gozo de un prefecto aire
que hace castos mis dedos;
pero delante de mí se despeña
la casa.
Hay una sima en que la resurrección
debe tener su ventana, la llama
su prodigio
y la muerte su manto perdido.
CONVOCACIÓN A SER
A semejanza de la espina
Lejos sobre el ser turbado
Como la espina exactamente
Fija sobre el ojo ausente
En atmósfera de ir
He aquí mi iluminado lirio
Muerte completa
Por la lengua pasa a veces
El nombre o su sonido
Solamente él casi creciendo
Para alcanzar a doler
Qué gran voz entonces
Adentro y alrededor del corazón
Y cómo una espada de ceniza
Rompe y abate mi encendida sed
Esperanza y materia
Se podría quizás oír todavía
Su calor tan diverso y tan lejano
Pero es mejor pasar
O crecer o salir lleno de negra memoria
De puertas para viajar
O una estrella casi terror
De un día cargado de vidrios ardientes
Para esperar la pluma o el espejo cerrado
Pasar con un último ser sobre
la frente
Visible y ya siempre lejos
A celebrar el tranquilo vapor
Que sube consigo mismo
del cabello
O entra en el pecho mientras vacilamos
He aquí pues
El arma libre
El espacio puro para resplandece
CELEBRACIÓN OCULTA
Las cosas que ignoro suenan
como una sal en mis sentidos.
Y mi muerte ronda con nombre supuesto
Escuchando los rumores terrenales.
Veo cómo a mi alrededor
se sostienen
Sin dedos, sin habla, las visiones,
Y los prodigios que mi alma desconoce
Por una obscura escalera ruedan
entrechocándose.
Por eso comprendo la dura luz
que pasa
Y me roza para hacerme amar
su fruto.
Difundo la gloria que recubre mi piel
como un manto
Y voy alejándome de mi huella
Que ya no es posible reconocer entre mil.
A través de ardiente estrago miro
Y los sucesos de la noche retumban inmóviles
Para sellar la puerta firme.
¿Dónde te hallo?
Llena de ondas lúcidas,
Tus pasos dan color a los deseos
Y en mi corazón se levanta
una imagen que me mira
Y luego se va, sin oír que la llamo.
Yo no sé qué secretos inmensos
Taladran los sueños con tu nombre
Desde que giras apenas visible;
Pero quiero irme,
Irme con tus ojos removiendo
las partes del amor
Para borrar los estigmas.
Cada día descubro palabras
que te revelan
Y nuevas marcas en el cielo
Que nos convierte
en emanaciones resplandecientes:
Ante mí tengo tu fe
Y la piedra inmortal de donde vienes,
Tu dulce noche y el aire que sale
de tus cabellos
Tengo tu llave y una figura
Que sobrevive a la interrogación
Y se deleita bajo tus manos.
En mi casa entro
Y allí, entre plumas y hondas aguas
Te oigo de pronto, detenida
en el aire,
Con una nube para mi libertad.
Eres breve indescifrable
Y tus labios remueven
el origen de las confusiones.
¿Para qué voy,
Cautivo y ejercitado en el porvenir,
Si tú me arrebatas a las cosas malignas?
Hay en cada soledad
una desesperada lengua que arde
Y nos presagia símbolos inútiles
Pero yo acojo lo inalterable
de tu voz
Y con ello la arena para abatir
el terror.
Te vas hasta el límite más trágico de lo obscuro
Y yo quedo en el recuerdo
Sólo identificado por tu señal
de estampa diestra.
Te vas,
Pero una codicia que roe mi corazón te atrae
Y entonces me amas con impetuoso estupor
En el gastado abismo en que las sienes
Castigan al rayo por sus violencias.
Acaso nunca sepamos quién llora
para abrasar nuestros sueños,
Acaso nunca lleguemos
a encontrar nuestro árbol protector,
Ni veamos su doble copa
acallando con su arpa
El habla enemiga que cambia
los rostros.
Henos aquí en edad de amar.
Henos aquí soberanos del delirio
Para igualar las jornadas y la ruina sorda,
Libres de los pies que agobian
con su falsa esperanza,
Libres de la sangre que desencanta,
Con nuestra luz sin juicio,
Con nuestros cuerpos
aterrados por la contemplación.
He aquí nuestro círculo oculto,
Nuestra tierra y nuestra entraña.
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)
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