jueves, 16 de diciembre de 2021

Gabriela Troiano (Buenos Aires, Argentina, 1980)

 

Hierofanía en una piedra



Hallaste una piedra en el borde del camino.
Opaca la ves, desentonando con la sinfonía del paisaje.
Ya sé: parece rezar un silencio de muerte.
Tocas su piel suave y afilada;
no encuentras signos de sueño ni de herida.
Pero en su quietud
se arremolina el sonido del bosque.
¿Es posible?, te preguntas.
Quisieras la blandura de un ave,
la textura de su pluma,
la música que sólo acontece en lo alado.
Y te alejas, porque en esa piedra-piensas-
la vida se enmudece y se ahoga.
Vuelve a ella.
Más allá de su materia,
continúa el sendero;
y verás el alba detrás de la colina
o la luna surgiendo entre la niebla.
¿Puedes ver un ciervo
cruzar en dirección a la espesura?
Apenas sentirás su presencia
como una sombra.
Vuelve a la piedra
para alumbrar el tesoro;
nadie más cantará
la maravilla que te asombra.
Acerca, a su dureza,
tu sentido más amable.
Y escucha cómo
brotan la voces infinitas,
flores silvestres y sus abejas;
las hojas que han caído de los robles
hace miles de años.
Ya sé: ha llegado la noche.
Y estás sola
con tu oído hechizado
por la fría piedra que ahora
se enciende con la fuerza de dos soles.
¿Es posible?, te preguntas.
Y notas una extraña blandura sobre tu rostro:
el canto del todo el bosque
que resuena dentro de tu cuerpo
como un repique lejano de tambores
como un recuerdo antiguo que regresa.
 
 
 
(Fuente: Ricardo Ruiz)

 

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