sábado, 4 de diciembre de 2021

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265 - Rávena, 1321)

 

LA ENRADA AL INFIERNO
 

"Si lunga tratta..."
BY Giorgio Aulicino (Lom, Santiago de Chile, 2018)
 
*

Comedia, de Dante Alighieri
 
 
Infierno
 
Canto tercero
 

"Por mí se va a la ciudad sufriente,
por mí se va al eterno dolor,
por mí se va a la perdida gente.
 
"Justicia movió a mi alto creador,
me hizo la divina potestad,
la sabiduría suma y el primer amor.
 
"No hubo antes de mí cosa creada,
sino las eternas, y yo eterna vivo;
dejen toda esperanza los que entran."
 
Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y dije: "Maestro, su sentido es duro".
 
Y él a mí, como persona experta:
"Te es preciso aquí dejar todo recelo;
toda cobardía conviene sea muerta.
 
"Hemos llegado al mencionado sitio,
en el que verás a las gentes dolorosas
que han perdido el bien del intelecto."
 
Y luego que su mano posó sobre la mía,
con dichoso rostro que me reanimó,
me llevó dentro de secretas cosas.
 
Allí, suspiros, llantos y otros ayes
resonaban en un aire sin estrellas,
que me hicieron llorar ni bien entré.
 
Lenguas diversas, horrorosas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
voces altas, roncas, son de manos con ellas,
 
hacen un tumulto que perpetuo gira,
en aquel aire sin tiempo, tinto,
como arena que el turbión arremolina.
 
Y yo, mi entendimiento confundido,
dije: "Maestro, ¿qué es lo que oigo?
¿Qué humanos son, por el dolor vencidos?"
 
Y él a mí: "Este destino mísero
tienen las almas tristes de aquellos
que vivieron sin infamia y sin honor.
 
"Mezcladas están con el coro perverso
de ángeles que no fueron rebeldes
ni fieles a Dios, y para sí fueron.
 
"Para no ser menos bello, los rechaza el Cielo,
y el Infierno profundo no los quiere,
pues darían alguna gloria a aquellos reos."
 
Y yo: "Maestro, ¿qué es tan grave,
que los hace lamentar tan fuerte?"
Respondió: "Te lo diré muy breve.
 
"No tienen la esperanza de la muerte,
y su ciega vida es tan baja
que envidian cualquiera otra suerte.
 
"No les quiere dar el mundo fama,
piedad o justicia los desdeña:
no hablemos de ellos, mira y pasa."
 
Y yo que miraba, vi una enseña
que girando corría tan ligera
que a todo sitio parecía ajena;
 
y seguía a esta tan largo trecho
de gente, que jamás habría creído
que muerte tanta hubiese deshecho.
 
Luego que alguno hube reconocido,
vi y distinguí la sombra del que hizo *
por cobardía el gran renunciamiento.
 
De inmediato, tuve cierto y entendido
que era la secta de los condenados
que no agradan a Dios ni a su enemigo.
 
Esos infelices, que nunca fueron vivos,
desnudos iban y picados mucho
por moscones y avispas de esos sitios.
 
Les corría la sangre por el rostro,
que, con lágrimas mezcladas, recogían
a sus pies gusanos acuciosos.
 
Y cuando al mirar más allá me di,
vi gente a la orilla de un gran río;
por lo que dije: "Maestro, concédeme
 
sepa quiénes son y por qué motivo
tan dispuestos a cruzar parecen,
según en esta poca luz discierno."
 
Y él: "A saber tal cosa apróntate
cuando detengamos nuestro paso
sobre la ribera triste del Aqueronte."
 
Con ojos vergonzosos, cabizbajo,
temiendo que mi decir le fuese grave,
camino al río lo acompañé callado.
 
Y allí, hacia nosotros vino en una nave
un viejo encanecido de viejísimo pelo,
gritando: "¡Ay de ustedes, almas crueles!
 
"¡No esperen nunca contemplar el cielo!
Vengo a llevarlos hasta la otra orilla,
a la tiniebla eterna, hielo y fuego.
 
"Y tú, que eres aún ánima viva,
apártate de estos, que son muertos."
Y así que vio que yo no me movía:
 
"Por otras vías, por otros puertos,
verás la playa, no por aquí: para pasarte,
conviene que te lleve barco más ligero."
 
Y el duca a él: "Caronte, no te enojes; **
así está dispuesto allá donde se puede
lo que se quiere, y nada más preguntes."
 
Se aquietó la peluda mejilla, entonces,
del barquero de los lívidos pantanos,
de ojos rodeados por círculos llameantes.
 
Y aquellos espíritus cansados y desnudos
cambiaron de color y batieron dientes
cuando entendieron el sentido crudo.
 
Maldijeron a Dios y a sus progenitores,
la especie humana, tiempo y sementeras
de sus semillas y de sus orígenes.
 
Después se retiraron todas juntas,
llorando fuerte, al margen perverso
que al hombre que no teme a Dios espera.
 
Caronte, demonio con ojos de carbunclo,
gesticulando se las lleva a todas;
a la que tarda, golpea con el remo.
 
Como en otoño se van las hojas
una tras otra, hasta que las ramas
rinden todo su despojo a tierra,
 
de esta manera la simiente mala
de Adán se arrojaba una a una,
como pájaro a la seña que lo llama.
 
Así se marchaba por la onda bruna
y antes de que descendiese,
se formaba aquí una nueva escuadra.
 
"Hijo mío", dijo el maestro cortés,
"los que mueren en la ira de Dios
llegan aquí desde todos los países:
 
"y están prontos a cruzar el río,
porque la divina justicia los espolea
tanto, que el temor cambia en deseo.
 
"Por aquí no pasa ánima buena;
luego, si Caronte se te queja,
bien sabes ahora por qué truena."
 
Dicho esto, la sombría campaña
tembló tan fuerte, que su espanto
la mente de sudor aún me baña.
 
La tierra lagrimosa estalló en viento
y relampagueó una luz bermeja,
que me doblegó todo sentimiento;
 
y caí, como al que el sueño rapta.
---
 
 

(Traducción de Jorge Aulicino)

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