El Tunduco Pérez
llegó
a un punto rentable
tan elevado
de ventas y fama
que no podía
pegar un ojo.
Inversiones y ofertas
le cambiaban el sueño
y el temblor de las manos.
Compra
de yates, una isla en el Caribe,
al modo Di Caprio,
un jet privado,
una supercuenta en las Caimán,
una excursión no tan espacial
como dicen,
con Jeff Bezos,
mansiones, etcétera.
Sus poemas online
pusieron de rodillas
al mundo
y cuanto habitante
anduviera por ahí.
Y ahí está,
bajo la parra,
uñando
la prima y la bordona,
medio en pedo,
bifronte;
los perros abichados,
rascándose hasta desesperar.
-Inédito-
No hay comentarios:
Publicar un comentario