OAKLAND, 1961
OAKLAND, 1961
en otro universo mental cuyas
asociaciones orbitan hacia afuera a la teoría
infinita mientras los cuerpos
se descomponen en cuartos amueblados de Oakland
se dispersan sobre los campos de maíz de Nebraska-
En Nueva York
el último reloj se agota
he terminado revolcándome con la última
mujer a punto de colgar su ropa,
besando al último bebé chino en la nariz.
Mi ternura va al cine
en Los Ángeles y está pegada al respaldo de una
butaca de terciopelo, la goma de mascar
de mi ternura
endureciéndose ahí con
los envoltorios de dulce de la nostalgia,
las palomitas de maíz de la compasión…
el último noticiero retransmitido hacia atrás
recupera la última casa ardiendo
y la gente escabulléndose adentro otra vez a través de las ventanas:
veo diez filmes de gángsteres en un día, masturbándome
tranquilamente con vestidos de 1920 y comiendo
toneladas de palomitas de maíz.
Luego danza mi propia sombra en la pantalla y
salgo corriendo para un último vistazo.
En cada ciudad lo mismo, esto es algo un poco de
ciencia ficción – ¿Estoy
allí entre los descerebrados? cadáveres hinchándose
en remolinos flotan de regreso al mar ahora,
yo llevado con la marea, no
aún puedo soñar al sol, el
ojo indiferente del sol, terremotos de cristal,
montañas las rodillas del
rugiente trueno de antiguos dioses, éste no
es mi fin, quizás peyote si pudiese
hallarlo, peyote para el mundo
para matar a la mente, aunque la mente ha
proscrito al espíritu y cubre todo
Estados Unidos con cemento, una enorme autopista
que no va a otro lugar que al mar.
El musgo del mar acecha al concreto,
el pez me ama no estoy perdido.
El mar avanza en la tierra, y suavemente
metódicamente toca con dedos húmedos las
últimas cenizas calientes.
(Fuente: Bajo la sombra del tiempo)
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