viernes, 5 de septiembre de 2025

Alejandro Romualdo (Laredo, Trujillo, Perú, 19 de diciembre de 1926 - Lima, 27 de mayo de 2008)

 

 

 

TRES POEMAS

 

𝐒𝐢 𝐦𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚𝐫𝐚𝐧 𝐭𝐨𝐭𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨
 
 
Si me quitaran totalmente todo
si, por ejemplo, me quitaran el saludo
de los pájaros, o de los buenos días
del sol sobre la tierra
me quedaría
aún
una palabra. Aún me quedaría una palabra
donde apoyar la voz.
 
Si me quitaran las palabras
o la lengua
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.
 
Si me quitaran una pierna
bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
me quedaría el otro,
para saludar a mis hermanos,
para sembrar los surcos de la tierra,
para escribir todas las playas del mundo, con tu nombre
amor mío.
__________
 
 

 

NI PAN NI CIRCO

 

     Hominem, Cassiodore, comes
     Marziale
     Cómo cambian los tiempos,
     Magnanimus,
 
ya no existen ni el pan ni el circo
que sobre el carro recorrías
triunfante
ni tu purpúrea túnica alcanza ya a
cubrir
tanta ensangrentada arena.
La rueda de la fortuna se detuvo
aquí
y el fiel de la balanza te traiciona.
Fuera del circo se devoran, sacan
las garras: «Non est piscis:
homos est...»
(Marco Valerio Marcial).
Escucha, oh Magnanimus, al esclavo
que ayer sostuvo tu corona
y hoy te murmura a la oreja
piadosamente:
«Proteged a los leones, proteged a
los leones».
____________
 
 
 
𝐄𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭ú 𝐢𝐥𝐮𝐦𝐢𝐧𝐚𝐬
 
 
Porque eres como el sol de los ciegos, Poesía,
profunda y terrible luz que adoro diariamente.
Mis ojos se queman como los ojos de las estatuas
mi corazón padece como una vaso de vino un armario.
Tú eres un puente de agonía, un mar animado
de agua viva y palpitante. Tú te alzas y brillas:
yo giro alrededor de ti; alta y pura te miro
como los perros a la luna, como un semáforo para morir.
¡Oh Poesía incesante, mi buitre cotidiano,
me tocó servirte en el reparto de sufrimientos:
como un niño exploraba las tierras pálidas del sol.
¡Oh Poderosa! Yo soy para ti uno de los miembros
de esta numerosa familia sideral
compuesta de padres e hijos milenarios.
Yo soy para ti la noche: Tú me enciendes,
ardo en el vientre universal,
rabio con las olas y las nubes,
escribo al girasol que me ama diariamente deslumbrado.
Yo te devuelvo, amor mío, como un espejo desierto
en cuyas entrañas están las cenizas de donde Tú renaces.
Yo te devuelvo amor, mi vientre se renueva sin cesar.
Tú te ocultas y muerdes, entonces, como una ola gloriosa, llena de dulzura y vigor.
¡Oh Poesía, mi rayo divino y cruel, clava tu pico,
devora el fuego que me abate, apaga esta zarza inmortal!
He aquí mi cuerpo, roído por las estrellas,
pálido y silencioso como un dios que ha cesado
y que Tú arrastras, borrándolo, como el mar o la muerte.

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

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