QUIEBRE
cardumen de termitas
por el cuerpo del árbol,
por las piernas del árbol,
cuerpos enojados,
error de haber nacido sola.
Tres es múltiplo de trece,
la niña tiene doce.
Oficial Cuins,
oficial Souza
está en su cuarto.
Todavía no existo.
La muerte desconcertante,
desconcertada.
Cuidado con los granos de café envenenados.
Minutos desplomados
si una piensa en los cuchillos
de las horas que acometen las tazas,
al espejo desaparecido en la explosión
lo vuelven a encontrar,
tiritando en Saturno.
Los platos de la fe
hubieran querido aniquilarse
antes de pasar hambre de dios.
Hace rato que no pasan
aviones subterráneos.
La noche siempre llega
como la circunstancia del milpiés
que extravió un zapato.
Brotadas las gargantas de cámaras ocultas.
Esta galleta no entiende lo que se habla:
es de plástico.
Esta mujer no sabe los significados
de las cosas:
es un maniquí amputado.
Las lenguas del huracán
se enganchan en vidrieras rotas
que sofisman la calma.
Todo fue artificio elemental, belicoso,
lo afirma el firmamento.
La mente se quebró
y hubo silencio.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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