El mecánico
La mayoría de los hombres usa los ojos de metrónomos para medir el taconeo rítmico de las mujeres que andan por la calle; cómo fruncen los labios al pasarse el pañuelo por la boca, como higos maduros a punto de estallar para saber hasta qué punto ese andar va irse a la cama esa noche con ella, la vasija del cielo se llena de Vía Láctea y resplandece cada vez que sonríe con los labios pero sin duda los secretos no son el ritmo más superficial de la canción que hasta un mal baterista podría tocar bien al oír los latidos de un motor, veloces y sutiles, me parece escuchar una música constante o un corazón, que por supuesto late sin el ventilador ni la correa que lo enfríen un poco. es una prueba, un ritmo, que esos ojos que miden pasarían por alto, si bien yo no descarto que haya algunos cuyos dedos y orejas se puedan acercar tanto al motor que el aceite circule limpio entre los oídos y se escurra hasta el cárter del cerebro, no lo descartaría. y quién podría decir qué significa el sangrado secreto de una mujer como mujer que soy con estrellas de aceite que se pegan a las terminaciones de mi piel yo sería incapaz de confiar en un hombre que no fuera mecánico: un hombre que con ojos y con manos escucha el corazón.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
No hay comentarios:
Publicar un comentario