domingo, 24 de agosto de 2025

Gustavo Pérez Ocampo (Cuzco, Perú, 1926 - Cuzco, 17 de marzo del 2003)

 

 

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D e u n a t e o r í a s o b r e l o s á n g e l e s 

 

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Desde que las ciudades arden en el sueño
y los pájaros llegan cansados a sus asambleas,
sabemos que el ángel tiene corazón de luz
y rostro de tiempo recién establecido.
 
Ya lo aprendimos desde que la muerte acomoda su sueño como los árboles su soledad.
 
Ángel: destino de cristal. Hueso de lágrima. Azar de sílaba y canto. Historia general del cielo.
 
La anunciada sombra cuelga en las estaciones
por donde huyen los mendigos
y caen de rodillas las estrellas.
Allí también comienza la hermandad
del océano con las aguas de la pena,
la amistad
de las cartas con el alfabeto de los niños,
la batalla de la muerte con el candor de los números.
 
Ya lo aprendimos: Ángel. Destino de ala. Historia para cantar el cielo.
Rostro de azul hacia lo de siempre.
Ojos hundidos en la eternidad del aire.
 
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De: «𝘗𝘭𝘶𝘳𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘷𝘦𝘭𝘰» (1958)

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

 

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