lunes, 8 de noviembre de 2021

Pavol Országh (Eslovaquia, 1849 - 1921)

 

 

Tengo la ventana abierta

 


Tengo la ventana abierta. Estoy mirando
la noche llena de estrellas brillantes.
Y mis ojos son como portones
por los cuales, con una entrada solemne,
la multitud de estrellas entra en el mundo de mi alma
y se extiende enseguida por el cielo
encima de la superficie de mi mente tranquila,
la mueve tiernamente con sus besos radiales,
la ilumina hasta el fondo y la calma, la tranquiliza,
y ella, como un espejo idóneo,
deja que se vean una en la otra,
con cada ojo, con toda la grandeza…
Lo que siento, así, conectado con el cielo,
lo tengo en mi mente en todo su resplendor,
sin el dolor de la tierra, sin duda alguna,
infinito en el espacio y en el tiempo,
el símbolo milagroso de la inmortalidad –
lo que siento ahora no es posible explicar,
para que entienda la mente, no es posible
declinar en la gramática, ni conjugar la palabra,
ni deletrear con la boca… Solo queda
una oscura sospecha sobre cómo surgió:
una delicadeza, belleza, verdad, bondad, un deleite
sin nombre…
Oh, cuando esté muriendo yo
– y si dios permite, moriré en un momento como este –
¡abran la ventana! El alma libre
que se escape sin obstáculos de la jaula de pájaros
hacia aquel campamento celestial de estrellas, y
con ese sentimiento llegará allí donde él,
el resplendor mismo, el destello celestial, ¡se convertirá
en su eternamente propia conciencia limpia!
 
 
 
(Fuente: Bajo la sombra del tiempo)

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