viernes, 5 de noviembre de 2021

Josefina Plá (Isla de Lobos, Canarias, 1903-Asunción, 1999)

 

SOY

 

Carne transida, opaco ventanal de tristeza,

agua que huye del cielo en perpetuo temblor;

vaso que no ha sabido colmarse de pureza

ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.

 

¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte,

boca que no ha rendido su gran beso de amor!

Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte

que no consigue alzarse a zona de fulgor!

 

Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo,

reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel;

¡rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo,

mas que el remordimiento no ha logrado vencer!

 

Garganta temerosa del entrañable grito

que desnuda la carne del último dolor:

¡lengua que es como piedra al dulzor infinito

de la verdad postrera dormida en la pasión!

 

Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra,

pozo oculto que nunca abrevó una gran sed;

prado que no ha podido amansarse en alfombra,

¡pedazo de la muerte, que no se sabe ver!

 

AMANECER

A Gastón Figueira

 

La mañana irisada, como fino cristal

se curvó sobre el ancho campo reverdeciente.

A la abismal succión del azul transparente,

agriétase la carne de un ansia germinal.

 

Y a la blondez purísima de su desnudez tierna,

la mísera corteza se nos cuartea en congoja,

y un sollozo nos sube desde la honda cisterna

en sombra donde el párpado su penitencia moja.

 

El dolor de las alas imposibles

nos curva más bajo el cansancio irredimible

que se adhiere a la carne dolorosa:

y en la punta de una hoja, radiante y temblorosa,

la

gota de rocío

nos finge aquella lágrima inefable

en que, por fin, pudiera el alma miserable

volcar la última gota amarga del hastío.    

 

TODO COMENZÓ EN EL ESPEJO

 

Todo comenzó en el espejo.

En la palma indiferente del agua

la nube fingió islas, cimientos el arco iris.

Todo comenzó en el espejo.

En el cielo engañifa de la charca

la rama empolló el huevo de la luna;

cosió el pájaro un velo con costura perdida.

 

Todo comenzó en el espejo.

La estrella guiñó mintiendo al pez incauto;

la luna escribió música que no despertó a nadie.

 

Y en el espejo una mañana

reconoció el viajero su secreto fantasma,

se vio pómulo y sien,

pupilas de agua para siempre cautiva,

frente como una lápida de sí mismo.

Se vio por fuera, se olvidó por dentro.

Y comenzó a clasificarse

según color y pelo.

 

Y los amantes murieron por él dos y tres veces,

y los viejos gustaron anticipada la agonía,

y el hombre del color perdió patria y amigos,

y la belleza vendió a su esposo el sueño.

 

-Todo comenzó en el espejo-.

 

LAS PUERTAS

 

...Un cerrarse de puertas,

a derecha e izquierda;

un cerrarse de puertas silenciosas,

siempre a destiempo,

siempre un poco antes

o un momento demasiado tarde;

hasta que solo queda abierta una,

la única puntual,

la única oscura,

la única sin paisaje y sin mirada.

 

 

(Fuente: La Parada Poética)

           


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