domingo, 14 de noviembre de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

George Gamow
se orillaba
en las estrellas,
las galaxias
y ese incomprensible
universo
que brilla
en la noche
sin que ella lo sepa.
Escrupuloso pero libre,
plomo radiogénico y nube.
"Una curva simple,
una explicación simple",
algo así,
directa o no,
era su cavilada rojez
sobre las diferencias
que podían resultar:
gráficas, imaginadas o extremas.
La sustancia más liviana
y la que rompe el acero
de solo golpearlo
como una gotita de rocío,
no cabían en su formuleo matemático
y la Teoría General y Utilitaria de la Captura de Protones.
Y como era bromista y campechano,
trazaba líneas ridículas
de chuecas, y puntitos
en papel o pizarrón,
cuestión era retener y ubicar.
Unas medían dos pulgadas,
las de más allá, metros;
y también
enérgicos cinéticos,
cuantificados estáticos,
semanas, cincuentenarios,
antes de Cristo,
y posteriores,
edad que las cosas
rehúyen para no declararse viejas
o gagás.
Ahora bien,
si la expansión de todo lo que se ve,
lo que no se permite ver
y lo que se ve y no sabemos un cazzo
el porqué,
mascullaba,
echaba humo,
colmaba el cenicero,
el valor existente,
aunque no homogéneo
ni perseverante,
va por los miles de millones de años;
y en una velada de faisán y vodka
se le dio
por pensar el tremendo estallido,
que a escala cósmica
no era tal. Un chispazo
de fósforo raspando la caja,
y para nosotros algo indescriptible:
gusano leyendo el "Times".
Neutrones, gases nucleares,
presumibles temperaturas,
isobaras e isocuantos,
núcleos, partículas, etc.
Y como el alcohol lo aturdía
y necesitaba un descanso,
dio en llamar ylem a ese menjunje
de masas puntuales arrojadas
al ton ni son en el infinito,
que dicho sea de paso,
sólo es un concepto
de cómodo arbitrio
y velocidades pal sepulcro. 
 
A pesar
de la belleza y felicidad
que cada día
George
recreaba
de modo torrencial,
luminoso,
existencial y atómico,
no lograba,
no había plan para ello,
refugiarse de los gruñidos,
reconvenciones
y escobazos
que su esposa,
una Jantipa socrática
de pelos peludos traer,
cargaba en cada ocasión
disponible,
huraña y nidito de gorrión. 
 
Pronúnciese "Gamóff",
por favor. 
 
 

- Inédito-

 

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