viernes, 12 de noviembre de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

Nada me dicen las palabras
ya,
hormigueo
que se encabalga
a una época muriente.
¿Qué me dicen
los dioses, las revoluciones,
los poetas, las contrarrevoluciones,
el otrora fértil jardín,
el excelso poder escrito,
oral o arañado en un calabozo,
en un manicomio,
en el verdulero que brama
un kilo de cebollas?
 
Sopa de caracol. 
 
No son lo que creía,
ni peligrosas, ni carnales,
menos brotadas del oscuro e implacable
revoltijo de intestinos, páncreas
o hipófisis;
son meros afiches
pegoteados
en las esquinas remendadas.
Me veo
en la tentación,
no escapo de sus lazos:
la inmovilizada llanura
del yo-yo.
Su impotencia, su boca sellada,,
su penoso lloriqueo, cuitas y reproches.
 
Y busco,
aunque sé qué no,
algún palito, un giro
para mirarme las espaldas,
la punta del fémur,
el diente flojo. 
 
Y son manotazos.
 
No van los caligramas,
aquellas odas, descripciones,
himnos, marchas, solicitadas,
las coplas de pie quebrado,
y demás.
 
Y refloto un corcho
en este sempiterno maquillaje
temporal de la decadencia.
 
Sólo
un big bang
del big bang
restablecerá otro reino creíble. 
 
Las cosas no hablan,
tampoco mis jugos.
 
 
 
 

- Inédito-

 

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