La bocaza
con dientazos eléctricos,
revuelta,
el turbión,
el meteoro,
las púas del viento,
los truenos despedazando
el cielo,
las espantadas vestales
en fuga y contrición;
y nosotros, niños,
cruzando una anchada
y una horquilla en el patio,
sal,
conjuros,
engaños caprichosos;
las primeras gotas
y el ruido que aturde,
la panza mogollona que se acerca
y descarga,
y luego esconderse
bajo la mesa,
los galgos aterrados,
los gatos por ahí,
y los viejos a punto de llorar.
Y la manga de piedras.
Y las uvas, las ciruelas y duraznos,
una plasta dulce
abonando los surcos,
una tortilla,
de racimos pelados y carozos.
Y el llanto desconsolado.
Y la tormenta a los abrazos
con la miseria y una bolsa de harina,
un pan menos, un aceite
que no estará, una ropita,
una cataplasma
en lugar de un medicamento;
y los viejos
pensando en Italia,
la guerra que los expulsó,
el campo de trabajos forzados,
los nazis, los aliados, los rusos
y toda esa mierda criminal,
malvender la casa y las cabras,
la vaquita y las ovejas,
pisar América,
no fuera que los hijos
mordieran el mismo cadáver.
Y la nitidez atmosférica,
el tumulto nuboso
alejándose en el horizonte
de congojas
y fantasmas que regresarán.
- Inédito-
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