lunes, 8 de noviembre de 2021

Enrique Verástegui (Perú, 1950 - 2018)

 

Testamento para una suite de huesos 
 
 

Soledad, orgasmo son las llamas de mi angustia.
Plantear una dulce flor y después morirse.
Aportar perfección al idioma: he ahí tu obra.
Antes de cerrar el párpado legar placer,
belleza, música, las flores de la náusea
a los enamorados que danzan en los parques.
Mi Dios es la carne de la esposa deseada.
Todo orgasmo es santidad, mi eternidad fue amar.
Felicidad, locura son signos de setiembre
hasta que la juventud pasa como un sueño.
Sólo queda el alma elevándose sin mañana
ni violines en la noche donde el cuerpo sueña.
No exigir nada a las generaciones que llegan
pero implorar ahora a un corazón compasivo
ser enterrado en la misma tumba que la esposa
amada, para que nuestros huesos, hechos flores,
se abracen bajo el cielo hasta el fin de los siglos.
El tiempo de la niebla entenebrece el mundo.
Bajo la tierra estamos mejor, solitarios
pero incorruptos, abrazados, no contumaces.
Llamaradas de yerba brotan sobre mi clavícula.
Mi cráneo como dalias te sale del tórax.
Mi esternón, flores para ti, se acuesta en tu sacro.
Tarso, metatarso, calcáreo, peroné
brotan en la noche del maxilar, y florecen
carpo, metacarpo, cúbito, radio y trapecio,
vuela espléndido el apófisis pterigoides.
Este fémur enlazándose a tus costillares
parece un arpa de gladiolos, una guitarra
sin imperfecciones, la música del verano.
Nuestros huesos, llamaradas de seda, se adoran
sin dejar de florecer en el cielo sin nieblas.
Muera quien muera primero esperará a su amor
como a Dios bajo la tumba para soñar.
Espérame como en un bar para besar mis huesos.
Florecer significa no vivir sin amor.
No sin amor morir para encontrarse contigo.
No sin morir podremos amarnos para siempre.
No sin amar podremos morir tranquilamente.
¿Podremos no alegrarnos por morir para Dios?
¿No nos alegra amarnos hasta en la misma muerte?
Buscamos morir para no dejar de adorarnos.
Porque amarnos significó morir para el mundo.
Mis huesos en tus manos son llamas para tu ojo.
Para tu andar florecen mis huesos en tu mente.
Tumba donde sepultos encontramos a Dios.
Más allá de la muerte está situado el amar,
ángel con guitarra en las manos, estremeciéndose
por elevarse donde toda noche se angustia.
Amar es poseer la fuerza para vivir.
Ser amado significa imperar sobre el cielo.
Pero el ángel despliega sus alas para soñar
y el ser amado llamea hasta ser el amar.
Más allá de la vida y la muerte queda el alma.
Pureza, locura, aventura son dulces flores
destinadas a soñar una vida sin trabas
cuando el esqueleto, llama en la noche, florece
para la angustia donde gobiernan los arcángeles
que interpretan los huesos transformados en alma.
Nosotros somos flores rebeldes al destino.
Y morimos para amarnos sin límites,
para poder amarnos siempre nos echamos en el féretro.
No huyo de la muerte tanto como del mundo.
He probado la carne hasta que ésta se marchita.
¿Podremos alejarnos ahora de la noche?
Estar fuera del mundo es encontrarme contigo.
Dios se transfigura en carne, flor, y mausoleo.
Dios nos llama, Dios nos busca, Dios nos fortalece
para no estarnos sin belleza cuando bajo tierra
nuestros huesos aún se preocupen por el mundo.
Sin muerte no seremos felices como orgasmo.
No sin muerte Dios no recibirá nuestras flores
porque tú exiges serte fieles hasta la angustia.
No estar contigo en la tumba es morir de terror.
Alegrarse por encontrar a Dios en la tumba
no es dejar de combatir un mundo sin locura
porque los esposos hacen la tumba su amor.
El ángel de la guitarra ahora se ha despertado.
Se despierta el ballet, el trapecio, la película
donde aparecen los años dorados, la luz
de los fuegos de artificio, el cuadro con trazos
violeta, que brota como un símbolo, en la mano
donde el tarot, mantel verde, convoca el destino.
Como en la vida es la tumba alegre para el amor.
¿No nos alejamos del mundo para amarnos?
¿Nuestros huesos no son los emblemas del placer?
¿Amar no es renacer después de morir aquí?
El ángel de la guitarra violeta nos llama.
Mi fémur fornica tu sacro, ser los amantes
atreviéndose a ser la primavera soñada
exige ser una alta conciencia, la perfección
de soñar el arpa de los gladiolos silvestres
son nuestros huesos estrechándose para siempre.
¿No se alegran las flores cuando llego a tu lecho?
Tú serás sólo huesos enterrados de noche
para fornicar sin pausa hasta el fin de los siglos.
Fornicar un ilíaco guardado en un ataúd.
Fornicar un tórax perdido en un ataúd.
Fornicar un esqueleto caído en la noche.
Se alegran las flores cuando los huesos se abrazan.
Mujer, estás viva pero hace tiempo que he muerto.
Mujer, no mueres cuando alucino fornicándote.
Sólo aparezco en la noche de tu sala oscura.
Fémures cruzados, naipes de soledad, velas
que arden como la noche en tus manos solitarias.
Me aparezco para ti guiándote a mi orgasmo.
Placer de soñarte flor atractiva en el mar.
El orgasmo es la salvación en teología.
Habito esta muerte no diferente a la vida.
Como en la vida es la tumba alegre para el amor.
Yacen mis huesos solitarios bajo la tierra,
allí florecen, duermen, se despiertan de noche
cuando tú, envejecida, los cabellos blancuzcos,
y las mejillas adelgazadas, marchitada,
aún tienes fuerzas para luchar contra el mundo.
Solitarios bajo tierra aún sigo luchando
por elevar nuestra alma en un mundo sin belleza.
Todos los días, unas violetas en tus manos,
vienes a depositar tus labios en mi tumba
que me guarece, mundo sin ayer, de la noche.
El espíritu es el destino que nos alumbra
como la llamarada esperada cuando vienes
para conversar, y sentada sobre mi tumba,
una llamarada en tus ojos, dices amor
florece como la soledad en un concierto
sin imperfecciones, hasta que tus huesos se unan
a mis huesos para comprobar que eternidad
son estas flores que ahora brotan en nuestra tumba,
esposos para quienes la eternidad implica
el cielo donde se santifican quienes se aman.
Irreal todo lo que nos rodea, irreal el mundo
del que nos alejamos para siempre,
irreal lo rechazado, irreal la nada,
tan sólo es real el florecer de nuestros huesos.
El ser ahora se despierta bajo la tumba.
Ser no solitarios significa estar con Dios.
Ningún mundo seduce tanto como soñar
ni nada es ahora innecesario para amar.
El que ama es recibido por el violín de flores.
Vanidad ni halago, o premio se llevan al féretro.
No se llevan al féretro tesoros ni ganancias.
La tumba no recibe el improperio de nadie.
Atesorar riqueza impide serenidad
para dibujarse el cielo donde el alma sueña
sin el cuerpo que, sepulto, florece para ella.
Cuando la bondad llamea sucede el verano.
Elevarnos más allá de la muerte es soñar
una aventura no corroída por la noche.
Brotar en la vida como en tu cuerpo libera
la llama que impulsa el violín donde sueñan flores,
la alegría de no ser irreales, soñar
una música lúcida para la verdad
de ser el alma liberándose de la noche,
la tempestad que florece, el sueño real.
Brotar en el sueño como en tu cuerpo parece
ser el misterio de la primavera que arrasa
la podredumbre, las tinieblas, la estupidez.
Todo lo demás significa nada al amor.
La perfección impulsa mi espíritu a tu cuerpo.
Todo es pesadumbre: hay que modernizar el alma.
 
 
 
(Fuente: Bajo la sombra del tiempo)

 

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