AL FUEGO
Fuego, querido amigo de la sombra,
mi compañero, que ardes y te apagas
y vuelves a arder gracias a mi mano,
desesperado que consumirías
el mundo y aquí a solas te consumes
a vos mismo, en vos mismo acurrucado
como la pordiosera que en el alba
prende la hoguera de cada jornada
y se da en pasto de su brasa lenta.
Hijo del rayo, ahora hijo del hombre,
gato rojo, hay que darte de comer.
Vuélvete tigre, sal, crece, devora
todo si tanta gana tienes, haznos
ceniza, por su fuego solitario
sea mordido cada cual, y sea
vuelto bello, sea vuelto llamarada,
retorne al gran incendio original.
(Traducción: Pablo Anadón)
TE CONSTRUISTE CON MUCHAS PALABRAS
Te construiste con muchas palabras,
primero boca, buba, nana, yo,
y ya eras golem con el verbo entre los labios,
luego mano, hambre, dame, luz, llanto,
el catálogo simple de las sensaciones,
categorías muchachas y facultades,
estados de ánimo, adverbios y conjunciones
para coordinar las partes nacientes
del yo que crecía rapaz.
Entretanto aprendías sin horror
la nomenclatura del mundo exterior,
y salido de su primer nombre, madre,
te adaptabas a ese vocabulario
como a una desgracia incalculable
que en la locura parece divertida;
hasta que descubrías el nombre de la muerte,
para aplicarlo a una serie de otros nombres,
pero de ningún modo para aplicarlo al tuyo.
Al final sabías todos los vocablos,
que su conjunto se llamaba vida,
y que en el centro estaba el sexo
para enlazar el grupo de palabras
que existían entre tú y lo que era el mundo.
Pero estas construcciones y enlaces
no pueden durar siempre, se derrumban;
ni permite la lógica que cinco palabras,
“un animal que sabe hablar”,
sostengan largo tiempo semejante edificio.
(Traducción: Ana María del Re.)
(Fuente: Meta poesía)
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