EL OTRO
¿Por qué decir
nombres de dioses, astros,
espumas de un océano
invisible,
polen de los
jardines más remotos?
Si nos duele la
vida, si cada día llega
desgarrando la
entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el
dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos,
pero está
presente a todas
horas y es la víctima
y el enemigo y el
amor y todo
lo que nos falta
para ser enteros.
Nunca digas que es
tuya la tiniebla,
no te bebas de un
sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor:
hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira
es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu
hambre.
Muere con la mitad
más pura de tu muerte.
ELEGÍA
Nunca, como a tu
lado, fui de piedra.
Y yo que me soñaba
nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil
cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que
sabe hacer la piedra
alrededor del cuello
del ahogado.
DESTIERRO
Hablábamos la
lengua
de los dioses, pero
era también nuestro silencio
igual al de las
piedras.
Éramos el abrazo de
amor en que se unían
el cielo con la
tierra.
No, no estábamos
solos.
Sabíamos el linaje
de cada uno
y los nombres de
todos.
Ay, y nos
encontrábamos como las muchas ramas
de la ceiba se
encuentran en el tronco.
No era como ahora
que parecemos
aventadas nubes
o dispersadas hojas.
Estábamos entonces
cerca, apretados, juntos.
No era como ahora.
NOCTURNO
Para vivir es
demasiado el tiempo;
para saber no es
nada.
¿A qué vinimos,
noche, corazón de la noche?
No es posible sino
soñar, morir,
soñar que no
morimos
y, a veces, un
instante, despertar.
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