
N.N.
Desenterraron lo que quedaba
en un remoto cementerio.
(Los forenses parecían soñar fuera de la historia).
con entrada en el centro de la frente.
Todo un lenguaje: crimen y naturaleza muerta.
Los antropológos estudiaron el agujero
astillado en los bordes
y la estructura dental cuyo mapa
guardaba el archivo de una helada burocracia
a cargo de malhumorados burócratas.
El hombre que estuvo allí
respirando a puro cerebro
emitía ahora señales indescifrables
desde un terror asfixiado en la oscuridad:
un desconocido pidiendo su nombre
-honor al que tienen derecho perros y caballos-
el mismo con el que volvería a ser enterrado
grabado en una lápida rebosante de identidad:
un documento personal bajo el sol y la lluvia.
en ¿Hay alguien ahí? (2005)
(Fuente: Nicolás Aused)
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