miércoles, 17 de septiembre de 2025

Eugenia Coiro (Buenos Aires, 1978)

 

 

 

EL JARDIN DE LOS DESPLANTES

 


 

 

Es la pandemia y amaso
los días se apilan

nunca me interesó la pastelería
y acá estoy estirando
los dedos pegoteados
en una masa que no entiendo

ya emprendí esta tarea
trabajar el poema también cansa
pero no lo quiero dejar

entreveo alguna conexión:
padre autoestima
la compensación de la escritura

quién selecciona ingredientes

quiero que esté hecho
cocinado

una palabra con cierto vuelo
llena de masa cae
mi propio peso

y ahora dejo mi delantal
de cocina en medio
del patio de baldosas
me pongo a cavar

*

Madre en este caso
hay una sola aunque nunca
entiendo la frase esa
abuela también tuve
una sola porque la otra
ni me quiso ver

Mi abuela Carmen quién sabe
creo que me quería pero tuve
poca suerte conocerla cuando ya
su vida era estar ida y vuelta
lugares de internación
la visitábamos en una aventura
un tanto sórdida para mí

Una vez en San Miguel
conocí a un nene de cinco
encerrado en el cuerpo
de un señor gigante
y a una joven siempre agobiada
alguien la vigilaba
día y noche la perseguían

mi abuela no era así solamente
lloraba tanto a veces
no podía hacer nada y se encerraba
a gritarle a dios: dios mío por qué

un poco religiosa los domingos
me llevaba a misa aunque mamá
protestara y el abuelo también
para qué le metés en la cabeza
mentiras a la nena

otras veces Carmen
se subía a lo más alto
montada en estallidos de felicidad
vajilla para ocho paseos y preparativos
fiestas que nunca llegaban
o grandes planes como volver a trabajar

A veces pienso en mi mamá
y lo difícil que habrá sido
pasar por todo eso y sola
con una hija tan chiquita

*

Va y viene mi cuerpo de cuatro años
mientras diez pisos abajo
los colectivos en rivadavia soplan
sus ruidos de frenos y gomas
desde la ventana enfrente una señora
grande con un gorro de toalla
me grita silenciosa y agita los brazos
con cara de miedo

Me hamaco en la mecedora
estoy parada sobre el asiento
que se inclina cada vez
hacia la baranda del balcón
y me hace sentir algo en la panza
que nunca había conocido

Suena el timbre adentro
y pasa un minuto todavía
hasta que mi abuelo sale
dice que me baje su voz
es la de siempre conmigo
una especie de terciopelo
o flor de malvón

Era la persona que yo
más quería en el mundo?
Cuando se murió mi abuelo
tardé varios años en llorar

*

A veces sociabilizar es ver qué te falta
con cuatro años te pregunté, mamá por qué
yo no tengo padre

Estamos en la cocina
el día nublado hace blancas todas las cosas
interrumpís el lavado de los platos el agua corre
te agachás para estar a mi altura
con la misma suavidad de la esponja
sostenida en la mano me decís
tu papá era demasiado joven
tuvo miedo se fue

la explicación queda grabada como en un viejo vhs
líneas interferencias sonido encapsulado
a partir de ese día tengo un padre
sin cara sin apellido sin valor
pero es mío

no entiendo por qué en todos esos años
jamás pensé que él
podría aparecer un día
con cara cuerpo traje
su nombre y apellido

*

Hasta mi ventana trepaba el jazmín
la otra pared era sol
no se podía ni tocar en verano

eso fue mi adolescencia
la intensidad de un perfume
y el agobio

un secreto guardado
en mi cuerpo una vergüenza

descubrí el viento en la noche
me dejaba llevar por la escritura

llenaba todo de corceles brisa
labios palabras poéticas
de sobres de azúcar
y con eso
un rato zafaba

*

Ciertos vínculos admiten
infinitos desplantes
quedan las raíces a la intemperie
igual se espera lo mejor
la caricia del viento calmo

con mi corazón en la mano
fui a él en la urgencia profunda
esta hija recobrada y descubierta

una noche se apareció en una lectura
lo había invitado tantas veces que verlo
ahí tomando su whisky me resultó
completamente fantasmal
leí mis poemas traté de lucirme
cuando bajé no estaba
no pudo siquiera
la cordialidad de una despedida

como ese mail que envió
el mismo día que me casé
yo ya vestida de rojo engalanada
se disculpaba por tener asuntos
laborales que resolver
incapaz de una ausencia digna

cada vez volví amputada
siempre sumando una falta
la revelación en la carencia

cuántas veces el desaire
parece que no hay fin
ahí sigue el corazón 
bombea hasta mi cabeza
un mensaje sube y otro vuelve
esa insistencia del golpe
el magullón renovado sobre la herida

*

Media hora sin interrupción
camino para ejercitarme
pájaros música charla
en cada vuelta
la plaza repite gimnasta
boxeador carritos de bebés

Hablo con mamá
me cuenta del teatro el libro
las olas del mar el viento que se levantó

la conversación relajada
deriva en la historia de la batalla
que perdió con mi padre biológico
cae el tema y yo
trato de bordear la llaga
aunque me pincha
una piedra filosa duda

la pausa es mínima
una inhalación y me responde:
yo no quise que te tuviera
tu padre quería domesticarte

Soy una gatita salvaje?
hago fuerza me quedo
agarrada con mis uñitas
a esa imagen
quiero evitar todo lo que implican
las palabras que mamá
tiró al viento

Me gustaría saber
cuando nadie gana
quién escribe la historia

***

EUGENIA COIRO. Nació en Buenos Aires en 1978. Licenciada en Periodismo y correctora literaria, coordina talleres de escritura en Siempre de Viaje-Literatura en progreso y colabora en diversas tareas con Viajera Editorial. Publicó: Souvenir La canción repetida (En danza, 2023), Espacio interior (Tren instantáneo, 2021), Parterre de los deseos cumplidos (Viajera, 2020), Fragmentos del fin (Viajera, 2016), Agua o niño que corre (Viajera, 2014), Bengala Hotel (Viajera, 2011) y 374 (De los Cuatro Vientos, 2007). Integró, entre otras, las antologías: Himnos Nacionales (Años Luz, 2014), Cómo decir (Ruinas circulares, 2018), Martes verde edición federal (2019), El beso que no di (Ediciones Arroyo, 2021), Jardín (Camalote, 2021), Campo (Camalote, 2022) y La infancia del procedimiento (A capela, 2023), Cuadernos de Tábano (La Ventana ediciones, 2023), Costuras de la palabra (Kañy, 2024). Los poemas presentados pertenecen a «El presente puede ser bastante prolongado en cualquier tipo de encierro», (Caburé Libros, 2024)

 

(Fuente: Música Rara) 

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