LA POESÍA DE EUGÈNE GUILLEVIC + DENISE LEVERTOV
Eugène Guillevic (1907 - 1997) fue un talentoso poeta francés de la segunda mitad del siglo veinte. Poco conocido al principio fuera de su país, su trabajo poético se ha hecho más visible en las últimas décadas. Obtuvo el Gran Premio de Poesía de la Academia Francesa (1976), el Gran Premio Nacional de Poesía (1984) y el Premio Goncourt de poesía (1988). En su juventud fue católico practicante, luego se adscribió al Partido Comunista Francés.
Acaso porque nació en una zona árida y rocosa de la Bretaña, y porque estudió Matemática pura, Eugéne Guillevic desarrolló una poesía despojada, sencilla mas no simple, dirigida tenazmente a su objeto, enemiga de afeites y metáforas. James Sallis, el novelista y crítico literario estadounidense, acierta al decir que
𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝘆𝗲 𝗲𝗹 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗰𝗲𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗼𝗯𝗿𝗮 —𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗹𝗹𝗲𝘇 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗱𝗶𝗰𝗰𝗶ó𝗻, 𝗲𝗹 𝗹𝗲𝗻𝗴𝘂𝗮𝗷𝗲 𝘀𝗶𝗻 𝗮𝗱𝗼𝗿𝗻𝗼𝘀, 𝘀𝘂 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮 𝗺𝗼𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗮— 𝗹𝗮 𝘃𝘂𝗲𝗹𝘃𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝗶𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝘂𝗰𝗶𝗯𝗹𝗲. 𝗜𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗼 𝗲𝗻 𝗳𝗿𝗮𝗻𝗰é𝘀, 𝗚𝘂𝗶𝗹𝗹𝗲𝘃𝗶𝗰 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗲𝘀𝗾𝘂𝗶𝘃𝗮. 𝗟𝗶𝗴𝗲𝗿𝗼𝘀, 𝗲𝗹í𝗽𝘁𝗶𝗰𝗼𝘀, 𝗴𝗻ó𝗺𝗶𝗰𝗼𝘀, 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲𝗻 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗶𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲. “𝗟𝗲𝘀 𝗺𝗼𝘁𝘀 / 𝗖'𝗲𝘀𝘁 𝗽𝗼𝘂𝗿 𝘀𝗮𝘃𝗼𝗶𝗿”, 𝗱𝗶𝗰𝗲. 𝗟𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗿. 𝗬 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗲𝘀 𝗺𝗼𝘁𝘀 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗳𝗶𝗲𝗿𝗲, 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗲𝗹𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗮 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗮𝗻𝗰𝗲𝘀𝗮𝘀. 𝗖𝗼𝗺𝗼 𝘀𝘂 𝗺𝗶𝘀𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼, 𝘀𝘂 𝗺𝗮𝗴𝗶𝗮, 𝗲𝘀𝘁á 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗹𝗲𝗻𝗴𝘂𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮, 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝗿𝗲𝘃𝗲𝗹𝗮𝗻 𝗳á𝗰𝗶𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗻𝗶 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗮𝗻 𝗯𝗶𝗲𝗻. 𝙎𝙤𝙣 𝘀𝘂𝘀 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀. 𝗔𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗼𝗽𝗮𝗰𝗮 𝗿𝗼𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗳𝗿𝗮𝗻𝗰é𝘀 𝘆 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗲𝗹 𝗰𝗿𝗶𝘀𝘁𝗮𝗹 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿. 𝗘𝗻 𝗶𝗻𝗴𝗹é𝘀, 𝗰𝗼𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗮 𝗳𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝘀ó𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝗼𝘁𝗼𝗻í𝗮, 𝗹𝗮 𝗺𝗼𝗻𝗼𝘁𝗼𝗻í𝗮.
Pues bien, la enorme Denise Levertov decidió un día torcerle el cuello al cisne pardo de la “monotonía” guillevicquiana y publicar un librito hoy inhallable: Guillevic: selected poems (1969), publicado en la mítica editorial New Directions. De ese libro, escogimos tres poemas, los cuales pueden ver en su original francés, en la traducción al inglés de Levertov, y, aquí abajo, en castellano, traducidos especialmente para ustedes por Lab De Poesía:
¿𝐃ó𝐧𝐝𝐞?
Lo que no está en la piedra,
lo que no está en el muro de piedra y tierra,
ni entre los árboles,
aquello que siempre tiembla un poco,
debe, entonces, estar en nosotros.
***
𝐔𝐧 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐨
El clavo
está apenas un poco oxidada.
No ha debido ser usado aún.
Ha debido descansar
tal como uno descansa.
Ello hace que
este silencio salga
a buscarse a sí mismo.
***
En la luz del pleno día
hay cavernas.
En el pleno sol
hay cavernas.
A veces es bueno
entrar en ellas,
para pensar en uno mismo
y luego emerger
cargado con algo más
para bendecir el día.
(Fuente: Lab De Poesía)
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