𝗟𝗹𝘂𝗲𝘃𝗲 𝘀𝘂𝗮𝘃𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗶𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗾𝘂𝗶𝗼
¿Con qué fonemas con cuál sílaba sagrada captaré esa imagen?
También mi piel es pulsada por la inquietud del momento
Frotación frufrú fragor frío
Y mis ojos ven y no ven el guarango agobiado por la niebla
la taruca esquiva saltando como un insulto sobre la escena
y mi lengua no retiene el llamado del cernícalo y el chorlo campero
más bien el colocolo enarca sus orejas para oír el flujo de mi sangre
Tomo un jerjo del mito y refresco mi esófago con él:
mientras muerdo ese fruto silvestre todo vuelve a tener constancia
las posibilidades de mi lengua retornan a la realidad de mi lengua
soy proclive a los juegos desinentes a las aliteraciones profusas
¿Bastará todo ello para elevar mi canción?
La lluvia ha menguado lo suficiente para convertirse en garúa
El puquio se revuelve moroso como un niño que apenas despierta
Sólo yo permanezco en la zozobra de la imagen –ausculto
las aguas buscando una nota que me lleve a la nueva armonía
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𝗖𝗶é𝗻𝗮𝗴𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲
Deja que el agua meza lento los sedimentos de la noche
noche preñada de aullidos de miradas perdidas hacia horizontes huecos
Deja que el jacinto el nenúfar el brezo desplieguen sus formas arraigadas
el limo del fondo habitado por cadáveres de moluscos y algas
tumba del sapo leopardo de las gambusias el limo
el limo el limo siempre recomenzado…
Lo que es arriba es abajo lo que es aquí es mañana
y la ciénaga es una imagen infinitesimal del futuro
pero certera pero irremisa
y su agua estancada refleja el derrotero que nos hemos regalado
Una ciénaga no es un humedal ni una albufera
La ciénaga es la ciénaga y es y no es nuestro mañana
entonces
deja que la diáfana luz que habita nuestros sueños
se empañe con su oscuridad revelada:
Uno nunca obtiene más de lo que su oscuridad determina
(Fuente: Lab De Poesía)
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