Estación de espejos (1977)
EPITAFIO
La palabra desconocida para los espejos
Fue una leyenda infinita de piedras
Para quien dijo en la memoria de los girasoles
La nieve del vuelo o la sed dela luz
Cautiva en las torres ausentes del agua
II
En los vacíos pasos de las argollas nocturnas
La sombra de los toros tiene su lenguaje de
lámparas ciegas
¿Qué pluma doma en su vuelo la ceniza del
fuego?
Solamente el león y el unicornio
Escucharon florecer la rosa de los sueños
Madurando el secreto de la muerte
PRESAGIO
Se sienten guerreros de miradas blancas
flagelando la
noche con antorchas de muerte
En el agua que gotea olvido en los sueños de los
leopardos
Las cabezas de los caballos avanzarán
lentamente en
los brazos de la niebla
Y un coro que no existe en la brisa del vino
Ocultará los rostros perdidos en los
Escudos del fuego
Se sienten guerreros de pasos invisibles
removiendo la
noche en un barco de gritos blancos
y de bocas disecadas en la oración
Nadie reconocerá el engaño de la ausencia en la
vejez
Ni sentirá más pesado su rostro cuando reúna los
espejos rotos de sus muecas
En una vida que se agota en la belleza del silencio
Porque los guerreros del terror escuchan
avanzar
en los truenos de las noches blancas
Para RAÚL HENAO
(El Conde Asalto)
MEDUSAS DEL OLVIDO
Sodoma extiende sus brazos de vino
(No hay música de rumorosos gratos en la penumbra de los cuerpos que no conozca la fábula de azules lunas cuando la ausencia es una espada en las nieblas del fuego.
Campos de alados toros vieron el deseo como conchas de tortuga en el gris tibio que el lodo le da al amanecer; entre la ruina de flores de oro una lejana palabra de hormigas esconde tu nombre en la otra Sodoma.
AUSENCIA
Tu piel color suave de tigre busca en las plumas que vuelan la ruina del agua, aquellos ojos nuevos de la noche que dejan, cuando las agujas del bosque revientan su pesadilla de manos que giran ruletas, una gota dorada de eternidad temblando bajo los puentes escondidos en las piedras del sueño.
Si los duendes del agua silban la niebla que duerme en la puerta escrita en los caminos del bosque las cosas te perseguirán para decir la canción fantástica del olvido o la palabra que guardan los cuchillos de la luna.
El aire perdido del ausente dice en tu silencio una cárcel de espejos que muestra en todas sus esquinas la otra forma de tu sueño.
ESTACIÓN DE ESPEJOS
El silencio es tentación y promesa
A.PIZARNIK
En la estación de espejos de nuestros signos
Las palabras son ojos ciegos
Seguirás alimentando el poema con tu muerte
La distancia que nos besa en el verso
La mentira que nos llama cuando dices árbol
Piedra o mundo
Seguirás reteniendo la belleza que nos y nos miente
En una dinastía de fragmentos renaciendo en tu mano
Pienso en la muñeca descentrada que se pierde
En un mundo desenterrado por el lenguaje
Te salva el silencio
Y no eres más la forma del vacío
La llama que doma el fuego en un grito de ausencias
Signos y sombras
El color del sonido
Todo lo que es esa promesa
Esa divinidad perdiéndose en ti
Es la duda
Explotando con su impotencia
Sus garras exigiendo la carne de tu vida
Mientras tu vacío contempla las piedras
Interrogas el fracaso
Y comprendes en el umbral de las tinieblas
El silencio de esa palabra que ronda el poema
Y cómo desterrar su mentira
LA ENSEÑANZA DE KLEIST
La vida vale mucho cuando se la desprecia
LA FAMILIA SCHROFFENSTEIN
HEINRICH VON KLEIST
Quizá la poesía es consagrarse a la muerte
Y la impotencia de los dioses el agua que nos arroja contra todas las piedras
Y la compañera la otra verdad que nos es dada cuando se escuchan las notas del
himno triunfal.
Quizá debamos realizar la metamorfosis de las máscaras para comprender el arte del total sacrificio a lo que se ama y soporta
toda presencia
Quizá no existe la piedra que sostiene el arco ni el orden que armoniza el espíritu
Quizá la música es la muerte gloriosa la fuerza y el arrebato que identifica a los
suicidas
Quizá el sonámbulo que agoniza en un drama de sombras
Galopando el aire podrido de las ciudades
Improvisadas en los escombros de la noche
Busca la gran muerte de los desterrados
Yo habito mis pequeños laberintos
Me siento rodeado de los más grandes sabios
Saboreo el mejor vino de todas las campiñas
Y mis fantasmas y lobos interiores vienen a comer de mis manos
y me dan en pago el veneno de sus muertes
A mis gritos se esfuman todos los ejércitos
Soy el asaltante de los caminos
La noche reconoce mis pasos y todos los hombres
que detengo me imploran en el lenguaje
prosaico de los héroes
TREN DE NEGROS CAMINOS
Fuimos los ángeles que hicieron el carnaval del
lodo
Dormíamos en los paisajes escondidos en los ojo s
de los tigres
Que habitan los caminos de hierro del infierno
Éramos los ebrios del lodo
Escuchando en la tragedia de nuestro licor.
Los cantos de fuego de los ángeles desterrados
La sangre que fluye en la miseria de la tierra
Nos acechó con su pupila de piedra
Trazando bailes de serpientes en la ruina de
nuestras alas
Como palmas que cruzan el país de los muertos
huímos de las cadenas del abismo en un vuelo
de pavos
Danzando el nacimiento del alba.
Para CARLOS BEODYA
(Señor de Lindapinta y Monteloro)
OIDO, OJO, LENGUA
Hay quienes revientan los círculos del delirio
para vender el ojo ulcerado de la
noche
Y preguntando por el lenguaje sonámbulo del
sueño
Bailan sobre un espejo de espuma y de sangre
reinventando las sospechas de los
ciegos
Y las letras convulsivas que hacen los
moribundos
Cuando descienden a la mentira que los está
disfrazando
El sueño del hombre renace en el estiércol y la
ruina de otro tiempo
A los esclavos de sí mismo la risa los acompaña
al olvido de un cuchillo que se
prolonga
Hasta la herida que se desconoce en la burla de
un abrazo que niega al verdugo
Hasta los vencidos que incendian el mundo con
la nostalgia de la memoria
Hasta los días de los condenados
Yo soy la demencia que cabalga en todos los
vientres transformado en una
mueca de agua
Yo soy la cadena y la llave que los acecha
Yo soy (lo fui) el oído y el ojo y la lengua que
siempre los espió en el baile y en el
destierro
Para ANTONIO CORREA
(Sacerdote del Vino Birlado)
Estación de espejos. Bogotá. Sin editorial. 1977. Sin paginar.
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