miércoles, 16 de julio de 2025

Jaime Aljure (México, 1958)

 

Estación de espejos (1977) 

EPITAFIO

 

La palabra desconocida para los espejos

Fue una leyenda infinita de piedras

Para quien dijo en la memoria de los girasoles

La nieve del vuelo o la sed dela luz

Cautiva en las torres ausentes del agua

II

En los vacíos pasos de las argollas nocturnas

La sombra de los toros tiene su lenguaje de

lámparas ciegas

¿Qué pluma doma en su vuelo la ceniza del

fuego?

Solamente el león y el unicornio

Escucharon florecer la rosa de los sueños

Madurando el secreto de la muerte

 

 

PRESAGIO

 

Se sienten guerreros de miradas blancas

flagelando la

noche con antorchas de muerte

En el agua que gotea olvido en los sueños de los

leopardos

Las cabezas de los caballos avanzarán

lentamente en

los brazos de la niebla

Y un coro que no existe en la brisa del vino

Ocultará los rostros perdidos en los

Escudos del fuego

Se sienten guerreros de pasos invisibles

removiendo la

noche en un barco de gritos blancos

y de bocas disecadas en la oración

Nadie reconocerá el engaño de la ausencia en la

vejez

Ni sentirá más pesado su rostro cuando reúna los

espejos rotos de sus muecas

En una vida que se agota en la belleza del silencio

Porque los guerreros del terror escuchan

avanzar

en los truenos de las noches blancas

 

Para RAÚL HENAO

(El Conde Asalto)

 

 

MEDUSAS DEL OLVIDO

 

Sodoma extiende sus brazos de vino

(No hay música de rumorosos gratos en la penumbra de los cuerpos que no conozca la fábula de azules lunas cuando la ausencia es una espada en las nieblas del fuego.

Campos de alados toros vieron el deseo como conchas de tortuga en el gris tibio que el lodo le da al amanecer; entre la ruina de flores de oro una lejana palabra de hormigas esconde tu nombre en la otra Sodoma.

 

AUSENCIA

 

Tu piel color suave de tigre busca en las plumas que vuelan la ruina del agua, aquellos ojos nuevos de la noche que dejan, cuando las agujas del bosque revientan su pesadilla de manos que giran ruletas, una gota dorada de eternidad temblando bajo los puentes escondidos en las piedras del sueño.

Si los duendes del agua silban la niebla que duerme en la puerta escrita en los caminos del bosque las cosas te perseguirán para decir la canción fantástica del olvido o la palabra que guardan los cuchillos de la luna.

El aire perdido del ausente dice en tu silencio una cárcel de espejos que muestra en todas sus esquinas la otra forma de tu sueño. 

 

 

ESTACIÓN DE ESPEJOS

 

El silencio es tentación y promesa

A.PIZARNIK

 

En la estación de espejos de nuestros signos

Las palabras son ojos ciegos

Seguirás alimentando el poema con tu muerte

La distancia que nos besa en el verso

La mentira que nos llama cuando dices árbol

Piedra o mundo

Seguirás reteniendo la belleza que nos y nos miente

En una dinastía de fragmentos renaciendo en tu mano

Pienso en la muñeca descentrada que se pierde

En un mundo desenterrado por el lenguaje

Te salva el silencio

Y no eres más la forma del vacío

La llama que doma el fuego en un grito de ausencias

Signos y sombras

El color del sonido

Todo lo que es esa promesa

Esa divinidad perdiéndose en ti

Es la duda

Explotando con su impotencia

Sus garras exigiendo la carne de tu vida

Mientras tu vacío contempla las piedras

Interrogas el fracaso

Y comprendes en el umbral de las tinieblas

El silencio de esa palabra que ronda el poema

Y cómo desterrar su mentira

 

 

LA ENSEÑANZA DE KLEIST

 

La vida vale mucho cuando se la desprecia

 

LA FAMILIA SCHROFFENSTEIN

HEINRICH VON KLEIST

 

Quizá la poesía es consagrarse a la muerte

Y la impotencia de los dioses el agua que nos arroja contra todas las piedras

Y la compañera la otra verdad que nos es dada cuando se escuchan las notas del

himno triunfal.

Quizá debamos realizar la metamorfosis de las máscaras para comprender el arte del total sacrificio a lo que se ama y soporta

toda presencia

Quizá no existe la piedra que sostiene el arco ni el orden que armoniza el espíritu

Quizá la música es la muerte gloriosa la fuerza y el arrebato que identifica a los

suicidas

Quizá el sonámbulo que agoniza en un drama de sombras

Galopando el aire podrido de las ciudades

Improvisadas en los escombros de la noche

Busca la gran muerte de los desterrados

Yo habito mis pequeños laberintos

Me siento rodeado de los más grandes sabios

Saboreo el mejor vino de todas las campiñas

Y mis fantasmas y lobos interiores vienen a comer de mis manos 

y me dan en pago el veneno de sus muertes

A mis gritos se esfuman todos los ejércitos

Soy el asaltante de los caminos

La noche reconoce mis pasos y todos los hombres

que detengo me imploran en el lenguaje

prosaico de los héroes

 

 

TREN DE NEGROS CAMINOS

 

Fuimos los ángeles que hicieron el carnaval del

lodo

Dormíamos en los paisajes escondidos en los ojo s

de los tigres

Que habitan los caminos de hierro del infierno

Éramos los ebrios del lodo

Escuchando en la tragedia de nuestro licor.

Los cantos de fuego de los ángeles desterrados

La sangre que fluye en la miseria de la tierra

Nos acechó con su pupila de piedra

Trazando bailes de serpientes en la ruina de

nuestras alas

Como palmas que cruzan el país de los muertos

huímos de las cadenas del abismo en un vuelo

de pavos

Danzando el nacimiento del alba.

 

Para CARLOS BEODYA

(Señor de Lindapinta y Monteloro)

 

 

OIDO, OJO, LENGUA 

 

Hay quienes revientan los círculos del delirio

para vender el ojo ulcerado de la

noche

Y preguntando por el lenguaje sonámbulo del

sueño

Bailan sobre un espejo de espuma y de sangre

reinventando las sospechas de los

ciegos

Y las letras convulsivas que hacen los

moribundos

Cuando descienden a la mentira que los está

disfrazando

El sueño del hombre renace en el estiércol y la

ruina de otro tiempo

A los esclavos de sí mismo la risa los acompaña

al olvido de un cuchillo que se

prolonga

Hasta la herida que se desconoce en la burla de

un abrazo que niega al verdugo

Hasta los vencidos que incendian el mundo con

la nostalgia de la memoria

Hasta los días de los condenados

Yo soy la demencia que cabalga en todos los

vientres transformado en una

mueca de agua

Yo soy la cadena y la llave que los acecha

Yo soy (lo fui) el oído y el ojo y la lengua que

siempre los espió en el baile y en el

destierro 

 

Para ANTONIO CORREA

(Sacerdote del Vino Birlado)

Estación de espejos. Bogotá. Sin editorial. 1977. Sin paginar.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario