Mujeres
que arrancan de las estatuas.
Un lago tibio les crece entre las piernas
y en el fondo del lago colean pececillos y se escurre
en lo profundo su rojez partida en dos.
El pulpo, como una estrella blanda sumergida, recibe
al anular y provoca una estampida de puntas de peces
y arenas del temblor que desmoronan.
Las mujeres acaban exhaustas y en los lúbricos dedos
de mármol, brillantes de humedad del lago, se entibian
y boquean, hasta morir,
algunos pececillos adheridos.
(Fuente: La Parada Poética)
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