Sentado
en este trono
vacío y desdeñoso,
habré de morirme
con la cara entre las piernas.
Todo fue relumbramiento
y en sus fauces
la precisión del abismo.
Nada soy,
nada ajeno
al precio y la deuda.
En mis exteriores:
la calle, un sulky,
una viña,
el torpe trajinar de las gentes,
sus miserias disfrazadas
y la gloria
en las cloacas;
ilusiones,
mordeduras,
carcajadas,
derrotas y triunfitos
que sobrevolé
con ellas,
nada me hace diferente.
Más abajo:
soterrados los caudillos,
la falsa gritadera de los sentidos
y el clamor nunca satisfecho,
un perro que se muere
devorado por la sarna.
Hubo nubes,
hijos,
dictaduras
que se renovaron
con otro pelaje,
la noble mentira
del papel y de la pluma,
soberbia, humillación,
el incienso de la piedra
y estas dos manos
que amasaron
barro y ángeles,
mientras lo mediato
y el filo de la historia,
su esperanza y cepo,
se revolcaron
en aventurillas
sagaces,
tartajeantes,
definitivas,
casi creíbles.
- Inédito -
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