De El pesa-nervios
Es necesario que se comprenda que toda la inteligencia no es
más que una amplia eventualidad, y que se la puede perder no ya
como el demente que está muerto, mas como el ser viviente que
está en la vida y que siente sobre sí la atracción y el soplo (de la
inteligencia, no de la vida).
Las titilaciones de la inteligencia y ese brusco trastocamiento de
las partes.
Las palabras a mitad de camino de la inteligencia.
Esa posibilidad de pensar hacia atrás y de zaherir de pronto su
pensamiento.
Ese diálogo en el pensamiento.
La absorción, la ruptura de todo.
Y de pronto ese hilo de agua sobre un volcán, la caída tenue y
dilatada del espíritu.
Si uno pudiese gustar al menos de su nada, si uno pudiese
descansar bien en su nada y esa nada no fuese una cierta clase
de ser pero tampoco la muerte completa.
Es tan duro no existir más, no ser más en alguna cosa. El
verdadero dolor es sentir su pensamiento trasladarse en uno
mismo. Pero el pensamiento como un punto ciertamente no es un
sufrimiento.
Estoy en el punto en que la vida ya no me concierne, pero con
todos los apetitos y la titilación insistente del ser en mí. Sólo tengo
una ocupación: rehacerme. [...]
He elegido el dominio del dolor y la sombra como otros el de la
irradiación y acumulación de materia.
No trabajo en la dimensión de un dominio cualquiera.
Trabajo en la duración única.
……
de Le pèse-nerfs, suivi des fragments d’un journal d’enfer
Traducción de Gerardo Guthmann
(Fuente: Gerardo Gambolini)
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