domingo, 9 de agosto de 2020

Richard Wilbur, (Estados Unidos, 1921-2017)




Mateo 8:28

 
 
Los gadarenos, rabí,
no somos ascetas; buscamos riqueza y posesiones.
Obviamos el amor, como lo llamas,
con la descarga planeada de agresiones.
 
Tenemos una profunda fe en la prosperidad.
Esperamos lograr pronto nuestro pleno potencial.
A la luz de nuestra economía
claramente no hace falta practicar la caridad.
 
Es verdad que enloquecemos;
que somos poseídos por demonios, sin razón;
que sufrimos, pese al bienestar que disfrutamos
en todos los estratos excepto entre la plebe.
 
Pero no resignaremos, sin embargo,
nuestra confianza en la mesa colmada y el bebedero lleno.
Si no puedes curarnos sin destruir nuestros cerdos
Preferimos que te vayas.
 
 
 
 
 
 
 

Vergüenza

 
 
Es un estado encerrado y pequeño, sin ninguna política exterior
salvo ser considerado inofensivo. La gramática del lenguaje
jamás fue descifrada, debido a la costumbre nacional
de dejar que cada frase se desvanezca confusa.
Quienes han visitado Scusi, la ciudad capital,
cuentan que la ruta ferroviaria desde Schuldig
atraviesa la campiña, mayormente descrita como chata.
La oveja es el producto nacional. La borrosa inscripción
en las puertas de la ciudad podría traducirse de este modo:
“Me temo que no hallarás aquí gran cosa de interés”.
Los informes de censo que indican población cero
no son –por supuesto– de confiar, salvo como reflejo
de la confusa insistencia de los nativos
en cuanto a que ellos no cuentan, así como de su modesto horror
a dejar que el sexo de uno se conozca sin rodeos.
El gris uniforme de los edificios indistintos
y la ausencia de iglesias o baños públicos
han dado a los observadores la extraña impresión de miseria ostentosa,
y debe decirse de los ciudadanos
(que andan murmurando en sus rasposas pieles de oveja,
empacándose ante las grietas de las veredas)
que carecen de la paz de espíritu de los verdaderamente humildes.
El tenor de vida es cauteloso, incluso en la rígida y seria indiferencia
de los guardias de frontera y douaniers,
quienes admiten, cada vez que pueden,
no sólo los habituales cargamentos de desodorante,
sino gitanas, cuerda Sol, hashish y pigmentos de contrabando.
Su negligencia total se reserva, sin embargo,
para la esperada invasión, a cuyo tiempo los hombres, el pueblo feliz
(riendo, rubicundamente desnudos y desvergonzadamente borrachos)
sorprenderán al enemigo con su pasmosa sumisión,
corromperán a los generales, infiltrarán el estado mayor,
usurparán el trono, se proclamarán a sí mismos dioses del sol
y causarán el colapso de todo el imperio.
 
.....
 
 

(Trad.: Gerado Gambolini)

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