Interior de hospital
Cómo envidiamos el largo cuello
de las garzas que se posan en la cumbrera.
Ellas pueden doblar el cuello y dormir sobre la música
de sus corazones.
Nuestros latidos están en la línea verde del monitor
cardíaco
y son el ansia que miramos.
Las garzas pueden alzar el cuello como periscopios
cuando sienten el paso de otro nivel de aire. Y ya
verán
si lo viajan o lo dejan seguir al Báltico helado.
¡Ah, si nosotros, pájaros de camisón blanco,
pudiéramos estirar el cuello
por encima de esta lenta y dolorosa danza…!
Aquí la realidad presenta se presenta como un sutil
cambio
de niveles,
pero me falta atrevimiento
para asomar mi cabeza a un conocimiento:
sólo ignoro y respiro.
A veces siento el paso de una realidad primera
y prodigiosa
y me encojo
para que no se lleve mi cabeza, o la seccione.
En Berlín una cabeza volando es cosa indiferente.
En mi pueblo es un mito peligroso.
(Fuente: La parada poética)
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