No diré que tu frente es de diamante…
No diré que tu
frente es de diamante
ni tus labios dos
límpidos rubíes
ni los dientes que
muestras cuando ríes
dos hileras de
perlas de Levante…
No diré que fulgura
rutilante
el zafir de tus ojos
si sonríes
ni que es oro el
cabello con que engríes
el alabastro de tu
tez fragante…
No lo diré jamás,
porque yo quiero
que sepas que soy
bardo y no joyero;
y que sepas también
para tu gloria
que pesado tu ser en
santa calma
prefiero a tu
belleza transitoria
la suprema belleza
de tu alma.
de Sonetos (1966)
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