miércoles, 16 de julio de 2025

Pablo Anania (Rosario, 1942)

 


 

𝑨 𝒔𝒐𝒍𝒂𝒔

 

 
 
¿Dios mío, dios mío, no es tu Verbo
el que se habla a sí mismo? Léanse
las conclusiones: el pensamiento
es nocturno y en el día a día,
cuando lo evidente es verdadero
(el café de la tarde, el sol del alba
y todo lo que posiblemente aún esté
vivo en mi mente) de pronto colapsa:
𝑧𝑤𝑎𝑛𝑔, 𝑧𝑤𝑎𝑛𝑔𝑠 - decía Freud-, neurosis
obsesiva, compulsiones, que me llevan
a repetir al sol los murmullos
indescifrables de la noche. ¿Me diré
a solas, al oído, qué sucede en verdad,
que son pura retórica de un lenguaje
sin palabras mis poemas? A veces escribo
como si nadie en mí hablara, como esas
personas que no aman a nadie más
que a sí mismas y discurren entonces
de los ángeles. Sí, sí, también mi amado
Stevens, tan seguro como estaba de que
todos los ángeles existen. O ese otro Girri
dado a repetir la frase de Benjamin que
en realidad tomó de un haiku chino…
        ¡𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝘩𝑎𝑏𝑙𝑎 𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡á 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑜!
Error Wallace, error Alberto, error
Walter, amores míos. Hoy tengo un
asesino en mi corazón y un solo ojo
todavía vivo. El otro está muriendo
con muchos deseos sin cumplir y no
hay ángel que en mi vejez me hable.
 
 
(Fuente: Cecilia Pontorno) 
 

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