A veces en los días a mitad del otoño
los días sin viento en que las golondrinas se han ido
y los olmos secos se alzan en la neblina,
cada árbol un ser, arrobado, solitario,
yo sé, no como en un pensamiento estéril,
sino sin palabras, como saben los huesos,
qué mitigación de mi cerebro, qué letargo,
espera en la oscura tumba a la que voy.
Y veo a la gente agolpándose en la calle,
la gente marcada por la muerte, ellos y yo
sin objetivo, sin raíces, como hojas al viento,
ciegos a la tierra y el cielo,
creyendo en nada, amando nada,
sin gozar ni sufrir, sin escuchar la corriente
de vida preciosa que fluye dentro de nosotros,
sino peleando, afanándose como en un sueño.
Por eso en el trayecto de la vida
salvemos una idea, una fe, un significado
y expresémoslo una vez antes de ir
en silencio hacia la tumba silenciosa...
......
[Trad.: Gerardo Gambolini]
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