RISA MARINA
Querida, a última hora de la tarde puse un pie en la calle
sólo para inhalar el aire fresco del océano nada distante.
y una nube levantaba su párpado inmenso, como un Steinway.
Hace un cuarto de siglo morías de antojo por los dátiles y el curry del Senegal,
probabas tu voz para la escena, abocetabas perfiles en un bloc.
Coqueteabas conmigo, pero más tarde te amalgamaste con un ingeniero químico
y, a juzgar por tus cartas, te volviste bastante imbécil.
Te han visto en los últimos tiempos en iglesias de la capital y de provincia,
en funerales de nuestros amigos y conocidos, ahora incesantes.
Así y todo, me alegro de que el mundo augure todavía
distancias más inconcebibles que la que nos separa.
Entiéndeme bien: tu cuerpo, tu gorjeo, tu segundo nombre,
ya casi no despiertan nada. No es que hayan dejado de echar brotes;
pero para olvidar una vida un hombre necesita, al menos,
otra vida más. Y yo he gastado mi cuota.
También tuviste suerte: ¿en dónde, si no en una foto,
seguirás siempre sin arrugas, ágil, cáustica, vivaz?
Al dar de cara con la memoria, el tiempo se entera de su impotencia.
Marea baja: fumo en lo oscuro y respiro hediondas algas.
Del libro "So Forth".
Versión del original en inglés : José Luis Rivas.
(Fuente: Irene Schiffer)
No hay comentarios:
Publicar un comentario