Escuchaba a Vivaldi
entre perturbado y asistente
mientras Dios se aplacaba
a palos y gases.
me vi forzado:
decreto y letanía;
y afuera
la gente se refugiaba
por la voz del común,
y no lo era.
Y el hecho fácil
del ejército de sabihondos
disuelto en ese mayo lluvioso,
-cuando Jauretche murió-
y nos llevaron a una comisaría
y estuvimos
plenos y contemplativos.
Huestes de Tarif
sobre la península,
variedad y asalto.
- Inédito-
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