Ya no me apiado ni siquiera de mí mismo
Ya no me apiado ni siquiera de mí mismo
y no puedo explicar mi callado tormento
Cada palabra mía se transforma en estrella
Intenta alzarse en vuelo por mis ojos un Ícaro
Y portador de soles ardo entre nebulosas
¿Qué les hice a las bestias teologales de la
inteligencia? Alguna vez los muertos volvieron
a idolatrarme, y yo esperaba el fin del mundo.
Pero el mío ahora llega cual huracán, chiflando.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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