Nemo me impune lacessit
yo no sabia que habia medicos que se sentaban
en el suelo, con un niño y una casa de muñecas, y jugaban.
Mis muñecos al aire libre eran un palo y una piedra,
o un narciso violeta y una abeja muerta —
uno en cada mano, se gritaban el uno al otro, con pequeños
gritos de lo profundo de mi garganta. Y a veces
chillaron, como las Medeas en la estación clásica.
No había nada mejor, aquellas horas con las óperas
corta-aliento de la angustia y de la muerte.
Y la venganza, y los largos solos cuando una mota
de polvo, o el cadáver de una libélula
derramarían su historia. Y cuando me volví
hacia el lápiz y el papel, a la mina y a la pulpa
de los árboles, todavía no conocía el lema, aunque ella
ya lo había aplicado en ella misma tal como lo había
aplicado en mí: 𝙉𝙖𝙙𝙞𝙚 𝙢𝙚 𝙝𝙖𝙘𝙚 𝙙𝙖ñ𝙤
𝙘𝙤𝙣 𝙞𝙢𝙥𝙪𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙.
Tomado de su libro Arias (2019).
(Fuente: Lab de Poesía)
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