Hortalizas
Cuando la noche no es media ni madrugada
las ratas salen de las bocas de tormenta
y poco les importa el águila
de 9 y 45
y mucho menos los gatos hambrientos que merodean la zona
con estiletes afilados
y manoplas de hierro.
Es en ese momento
en que el borrachín y el obrero aún se ignoran
cuando un veterano
se duerme con D'Arienzo
al caer el sereno sobre la fábrica
y una enfermera
de guardia
controla el suero
de los pacientes
mientras escucha
berretines del pasado
o imposibles promesas
al Gauchito.
Sucede en estos instantes
de tensa calma
que los murciélagos
juegan al truco
en los entretechos
de las casas
se descartan bufosos
y las barrigas de la soledad
componen extensas armonías.
Es a esa hora indefinida
en que descansa el diariero
y el ajedrecista
elabora estrategias
junto a la almohada
cuando la policía
idea un enroque corto
donde las putas seducen
o son asesinadas
al compás
del whisky y la merca.
Es en esa penumbra
en que la vida y la muerte terminan al mismo tiempo
cuando florecen las hortalizas de mi huerta.
(Inédito).
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