TÁMESIS
Seducido en el Támesis
un poco tarde, a contratiempo ahora
que sus aguas no copian
mi rostro, ondulaciones imposibles,
en medio de la noche.
Comprendo algunos puentes
que fueron, bajo el sol, también grandeza:
Hammersmith, Westminster, Tower Bridge,
donde asomarse era en verdad
mirarse dentro.
Como se ve sólo el silencio apetecido
detrás de los cristales
en que una música estridente vibra,
así esta noche entera que me aleja
daría por estar conmigo entonces
venido de una orilla en otra orilla,
sabiendo que volver es completar
la vida que no cabe en la mirada
primera.
CALEDONIAN ROAD
Caledonian Road,
casi una vida,
sólo una calle
real, con sus metáforas,
su perspectiva.
Un día fui contando: dos mil pasos
costaba recorrerla.
Son dos millas de verdura en los zaguanes
de las tiendas, de frutas mejorables,
caídas de su ropa original;
de anuncios de tarjetas telefónicas
para lo demasiado lejos, lo que se traga el mar;
de mujeres con vestidos de colores
ardientes de nostalgia
por un sol que las desviva
allá en los trópicos;
de periódicos quizá muy grandes
para el papel de un hombre
diario y prescindible;
de barrio sin saberse,
vecinos, soledad, y simples sueños;
de autobuses con rumbo en el pasado
que son ya del temblor de lo que irá tras ellos;
y todo bajo el cielo caprichoso
de un Londres hecho nubes y basura en las aceras,
un haz de decisiones traicionadas,
un tiempo encantador y destronado,
y poco interrogable.
No sé si quedará huella de mí o
seré borrado por
la lluvia, el humo de los coches,
la lengua de quien dicta aquí.
Tiempo después, años arriba,
los pasos serán más, en otro sitio,
y más las calles y en verdad distintas;
los pasos serán más, pero ahora
sé que el último
ya no me dejará en el atrio
de la Biblioteca Británica,
bajo el dosel, las torres de St. Pancras,
la gracia de los libros.
Será, al final (lo avisan desde hoy
las letras de un cartel junto a las obras),
una calle cortada...
En: Una calle cortada. Ed. Devenir, 2005
(Fuente: Voces del extremo)
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