martes, 18 de agosto de 2020

Sandra Pasquini (Rosario, Santa Fé, Argentina, 1969)



Siempre me ha impresionado
la costumbre de mi familia
de besar a los muertos
de tocar sus manos y sus pechos
ese insano regodeo
de andar oliendo la muerte
besando su osamenta su mejilla
acariciando las frentes ajadas
las caras macilentas
mi abuela anudando crucifijos
entre las manos de sus hijos difuntos
fileteando con la punta de los dedos
flores negras en sus parietales
dibujando un último arabesco
el signo final la seña secreta
con la que pasarán al otro lado
siempre me ha impresionado
la costumbre de mi familia
de andar enterrando a los vivos
con cada uno de sus muertos.
 
---de Mangual
 
 
*
Me crece perro o lobo negro dentro del pecho
con desesperación de filo
con desvelo de tajo que abre la herida
con desvarío de muerte
de zarza prendida fuego
punta de lanza envenenando
el delicado nervio
perro o lobo negro me crece.
 
--- de  Una lluvia que
 
 
*
 
Su cuerpo entero es un enjambre que se incendia
un país sediento devastado por la fiebre y la morfina
acaricio su mano como si al hacerlo
fuera su corazón lo que tocara
esa criatura tibia y palpitante recién nacida
en cuyo pulso no cabe nada más
una mortificada avecita apenas
la veo libar los restos de otros mundos
vaciar impúdicamente su osamenta sobre las sábanas
no es una cama de hospital allí donde reposa
es la fabulosa nave de sus secretas traslaciones
la veo desprenderse con terquedad de ciega
de su torturado continente
su cuerpo entero envuelto en discretas luces
como pequeñas flores ambarinas
flota por toda la habitación
mientras aquí el universo se deshace lentamente.
 
--- de Mangual
 
*
 
Penden del cerezo diminutos crespones rojos
luminosas esferas de fuego
aferradas desde el tallo con desesperación
como un animal que balancea
su despavorido esqueleto en la tormenta
agitan su frágil cuerpecito
como pequeñas bestias prematuras a punto de caer
abren sus delicadas manos
como queriendo tocar el aire
como queriendo agarrarse a él en la caída
en el vértigo del desprendimiento
sus manos y las mías rozan
y en el roce puedo palpar sus corazones
cuescos suaves cuescos leves
entregando sus cuerpos abiertos y en racimo
a la inminente precocidad de la cosecha.
 
--- de Lo que tiembla
 
*
 
Por la noche el patio se puebla de fantasmas
desde la casa puedo verlos ondular su translúcida hermosura
adornan sus cabellos con las flores henchidas del laurel
encienden sus guirnaldas de abalorios entre las plantas
puedo oír el corazón de la mandrágora
y su palpitante aleteo
el tic-tac espasmódico de su pecho
la inminencia del ahogo
un vaho como de frutos dulces
desprendido de su boca
es la asfixia que se expande
que inflama de tierra sus diminutas branquias negras
su nocturna vaina florecida
puedo verla alzarse desde su tallo
desplegar su renegrido terciopelo
buscar enardecida la superficie
conjurar el desamparo
con el cristal de sus ágiles dedos
acariciar el alma de las cosas
trajinar con los espíritus de la madrugada entre la fronda
y puedo verlos después como si nada o nunca
intrépidos veloces
esfumarse entre la niebla y la maleza
al despuntar el alba.
 
*
 
Alguien me llama en la noche
me nombra por mi nombre de la infancia
despierto confundida
con su voz zumbando en los oídos
en el instante preciso
en que el alma desciende a la materia
afuera la nieve oculta el bosque
un enjambre de luciérnagas
rompe la oscuridad y abre el camino
me empuja suave hasta el final

me Ilumina tenazmente la salida.






(Fuente: Valknutr.blog)

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