Advertencia
de la soledad
Niña,
quédate sola. Cuida la casa y cuídate.
Toma
llaves, monedas y este par de respuestas.
El tiempo
llama afuera.
Tú vas
creciendo íngrima en grave adolescencia.
No
cierres puertas ni ventanas. Trabaja.
No
vendrán aires malos si el pensamiento es claro.
Tu candor
en él, íntegro, salva su hoja intacta,
como la
mariposa la miel entre la rosa.
Tu labor
pulirá toda la fuerza niña
mientras
tu paz ingenua hace más leve el tiempo
que
afuera esparce encima de las sienes ceniza
mientras
se desraízan los más hondos recuerdos.
El de los
4 años, de abanico y pañuelos.
El de los
10 impúberes de marginales gracias.
El de los
15 ariscos y los 20 dispersos
los 25
tristes y los 30 rebeldes.
El umbral
de los juegos, el patio de las risas,
el
corredor del sueño, la tapia de la angustia
y el
rápido regreso del viaje que no hicimos
y ese
viaje perenne que ya nunca acabamos.
Ojalá
aprendas sola, cada vez que yo salgo,
algo que
te haga enteros el ánimo y la sangre.
Cuando
llegues a este tiempo desde donde te hablo,
sea tu
respuesta breve, cierta y distinta a ésta.
Por eso a
ratos hago la que no quiero verte,
la que te
deja sola, la que se va y no entiende.
Aunque mi
sangre es tuya, la vena es diferente.
Niña,
quédate sola, para que estés contigo.
(Fuente: La parada poética)
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