DOS MÁS DOS
Dos más dos son cuatro.
Si no lo dices nunca, lo olvidan.
Si lo dices muchas veces, nadie se lo cree.
UNA TRAGEDIA
Nuestro viejo perro, cuando tuvimos hijos,
se volvió listo como el hambre.
Se ponía a dos patas y bailaba,
pensaba,
casi hablaba,
lo entendía todo. Tuvo un cáncer
y murió antes de tiempo.
Se preparó para el combate, luchó,
fracasó.
CAÍN Y LA BIBLIA
Hojeo las primeras cuatro páginas,
deletreo las primeras cuatro páginas.
Yo, Caín, viejo pecador, en mi vejez
también lo he comprendido.
En las primeras cuatro páginas en blanco y negro
se dice que, efectivamente, nació mi hermano.
Yo, Caín, viejo pecador, en mi vejez
también lo he comprendido.
Sí, de verdad, lo he comprendido,
cierto, con toda seguridad, hasta yo me alegré
de no ser el viejo criminal –vaya,
¿eh?-, el único ancestro.
¡No me dejarán en paz, ni soñarlo!
¡Aunque en cada página nazcan mil hermanos,
eso tampoco borrará de sus mentes
que todos ellos desciendan de mí!
Necesitan a Caín, al viejo criminal, ¡así es!
En mi vejez también lo he comprendido.
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en “Discurso vivo”, Baile del Sol, Tenerife, 2011. Trad. del húngaro, María Elena Szilágyi Chebi.
(Fuente: Jonio González)
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