miércoles, 30 de septiembre de 2026

W. H. Auden (York, INglaterra, 21 febrero 1907–Viena, 29 septiembre 1973)

 

 

 




MUSÉE DES BEAUX ARTS 

 

Sobre el sufrimiento nunca se equivocaron
los Grandes Maestros: qué bien entendieron
su situación humana; cómo tiene lugar
en el momento en que alguien come, o abre una ventana, o simplemente camina;
cómo mientras los viejos esperan, reverentes y apasionados
el nacimiento milagroso, debe siempre haber
niños que no deseaban especialmente que ocurra, patinando
en un estanque al filo del bosque:
Ellos nunca olvidaron
que aun el horrible martirio debe cumplir su curso
de cualquier modo en una esquina, en un sucio rincón
donde los perros hacen su vida de perros y el caballo del verdugo
se rasca el inocente trasero contra un árbol. 
 
En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo, cómo todo da la espalda
calmadamente al desastre: el labrador pudo
haber oído el golpe, el desolado grito
pero para él no era un fracaso importante; el Sol brillaba,
como debía, en las piernas que desaparecían en el verde
mar, y el costoso y delicado barco que debe haber visto
algo asombroso, un muchacho cayendo del cielo,
tenía que llegar a alguna parte y tranquilamente continuó. 
 
 
(Traducción: Fernando de Szyszlo, peruano)
En: Ricardo Silva-Santisteban
Antología general de la traducción en el Perú V Poesía: Siglo XX-1 (2010)
Lima: Universidad Ricardo Palma. Editorial Universitaria, 2010, p. 626
 
 

MUSÉE DES BEAUX ARTS (1940)

 

About suffering they were never wrong,
 
The Old Masters: how well they understood
Its human position; how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just
walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy
life and the torturer’s horse
Scratches its innocent behind on a tree.
 
In Breughel’s Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water; and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
had somewhere to get to and sailed calmly on.

 

(Fuente: Óscar Limache) 

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