domingo, 1 de noviembre de 2026

Qin Fei (China)

 

 

«Mi poesía es débil»





 
 
 
La luz del amanecer es tapada por el smog.
La señorita Qin se da vuelta en la cama, 
se quita el antifaz 
y frunce el ceño.

La tristeza de ayer no ha pasado.
Un absurdo amor que llegó de improviso, 
como un garrote en manos del dios del destino, 
le golpeó la cabeza con tal fuerza que de pronto ardía entera 
y cayó enferma, con las manos y los pies helados.

Con el mundo dándole vueltas, 
tosió durante una semana como una tísica.

Qué mujer tan detestable es Anna Karénina.
Y, sin embargo, se le metió en el cuerpo.

La señorita Qin sacude la cabeza 
y le grita a Anna, vestida a la moda victoriana:
Lárgate, mujer muerta.

La poesía, como una bruja vieja,
tira del pelo seco y amarillento de la señorita Qin.

«Sólo eres inteligente cuando escribes poesía» 
le dice con una sonrisa torcida el guapo y joven poeta.

Ella corre desnuda hasta el espejo 
y ve sus ojeras azuladas,
como una joven prostituta de la aldea Fenghuang, 
inexperta y agotada por el exceso.

«¿Qué quieres expresar?
¿Eso que escribes es poesía?
¿Hay imágenes en tu poesía?»
Un maestro sonríe.

Él 
la contempla.
El alma de ella se hace añicos en el suelo.

Quiero expresar todas las confusiones de una mujer.

Un hombre de talento una vez dijo: 
mi poesía es el llanto de un bebé.

La señorita Qin se defiende.

«¡Deja de arruinar la poesía!
¡Tienes que definirte con claridad! Imagen, concisión, ritmo.
Espero que prestes atención».

El maestro enciende otro puro 
y dice tranquilamente.

«Bueno, está bien.
Tal vez
yo sólo quiera encontrar un hombre 
escribiendo poemas».

La señorita Qin se deja caer en el sofá.

Yo no soy más que 
una mujer.









Desde el FIP Santiago / Festival Internacional de Poesía de Santiago

 

(Fuente: Descontexto) 

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919 - 1990)

 

 

Imagen de Edgar Bayley: a 35 años de la muerte del poeta vanguardista ... 

 

 

CAMBIO DE ESTACIÓN

 

los ruidos de la calle
tan diversos
la agitación del follaje
de los árboles cercanos
el ir y venir de las hormigas
el fin del verano
ponen un orden nuevo
en el peldaño
el estribo
en la cabellera de la noche
 
un balcón entreabierto
la luz crece como un río
rodando por escaleras
es el primer paso del sueño
en la fogata lejana
 
un hombre camina solo
se detiene a ratos
observa
escucha una risa
la fiesta está por comenzar
y baila finalmente
con la mujer que lo llamaba en sueños
en la luz y el aire
y en la noche despierta
.....

 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Manuel Scorza (Lima, Perú, 9 de septiembre de 1928 - Mejorada del Campo, afueras de Madrid, 27 de noviembre de 1983)

 

 

 

 

 

Epístola a los poetas que vendrán

 
Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.
 
Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto,
por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
 
¿Iba a ser la Poesía
una solitaria columna de rocío?
 
Tenía que ser un relámpago perpetuo.
 
Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
mi corazón no sonreirá.
 
Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
 
Hay cosas más altas
que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
 
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!
 
El poeta libertará al fuego
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Víctor Coral Cordero (Lima, Perú, 1968)

 

 

 

𝗣𝗼é𝘁𝗶𝗰𝗮 (𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗖𝗲𝗹𝘀𝗼 𝗚𝗮𝗿𝗿𝗶𝗱𝗼 𝗟𝗲𝗰𝗰𝗮)
 
 
Conozco cada vez más el bosque
pero nunca acabaré de conocerlo.
 
Selecciono bayas nutritivas
espigo hierbajos purgativos
escarbo raíces mágicas o simple
mente útiles para mi propósito.
 
Cuando la tarde refresca
me tiendo en el breve claro
sobre el pasto salvaje y miro
las variaciones de la luz
entre las hojas del abedul o
en el enramado de la encina.
 
[Incluso tengo claras las aguas:
evito las empozadas o densas
colecto las rítmicas y fugaces;
ellas tienen la vida plena en sí...]
 
Si me preguntas qué hago aquí
te diré que no lo sé muy bien
pero sigo --conocer el bosque
es mi labor mi sentido y mi sino:
 
A veces extraño tener una vida
que nunca tuve pero siempre
me alivia esta imagen:
un camino sencillo que se hunde en la espesura.

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 29 junio 1926‒Quito, 3 julio 2009)

 

 




ELEGÍA A UNO MISMO

 

La edad se ha vuelto una enfermedad venérea
y casi casi cobardía: años de años
desperdiciados en durar, mucho tiempo boca abajo
sobre la duda, ya gastados los dientes
por los besos y hablar tanto, en los ojos
un asno de frecuente alcohol. De pronto encuentras
que para el último episodio, el único
de este western salvaje y electrónico
en que van a ganar por fin los pielesrojas,
no basta la feroz dignidad de tus testículos
si no estás con todos tus resortes vivos
y no te basta, como antes o a los otros,
ir recogiendo firmas con tu profecía ni el cobarde
heroísmo de los solitarios en viciosas
sesiones de principios, ni te consuela
decirle al corazón que al fin y al cabo
te protesta: Ve tú, músculo voluntario,
vestido de hojarasca, sería broma lo demás:
dirían que me envía el enemigo. Y te quedas,
anacrónico e hijo de vecino,
carajeando a James Bond en tu sillón de ruedas,
con tu hígado malo y tu aspirina
conyugal inútil, y tu decoro
tiene un dolor de cabeza
respetable, urbano, incorruptible.
 
 
Curriculum mortis (1968)
En: Poesía hasta hoy 1949-2008 II
Quito: Ediciones Archipiélago, 2008, p. 841
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

LA BATALLA
DE LA LIEBRE MOJADA
Y EL PÁRPADO CON UN TUMBO
 
 
Hidra
en sí misma tumulto.
 
Nada se concibe
humano
sin aquello
que desprende hueco y superficie.

- Inédito -

 

Houda Al Naamani (Damasco, Siria, 2 junio 1930–Beirut, 31 octubre 2020)

 

 

 

 



LAS BALAS SE VOLVIERON UN PARAGUAS PUNTEADO 

 

1
Me acuerdo, era un punto,
era un círculo.
Me fui. Las espadas eran poros verdes.
Caí hasta el borde de una pestaña blanca.
Y reí, hasta el borde de la muerte reí.
Me acuerdo, era vidrio que quiebra el agua extendida sobre las nubes.
Me acuerdo, era una mariposa,
y la desesperación corrió hacia la oscuridad, y las balas se volvieron un paraguas punteado,
punteado. 
 
2
No hay color en los valles del sol.
No hay color en las uñas de los niños.
No hay color en las correas de fuego.
No hay color en el grito. Beirut... ¡el grito eres tú! 
 
3
Como el que vive en un columpio vivo en tus ojos.
Cuando la mañana viene te lanzas como una flecha.
Y cuando viene la tarde me abandono a ti.
Sin mover me vuelvo tierra,
digo: Es una montaña que lleva una ciudad,
digo: Es un caballo que corre en el sol.
Como el que vive en una mentira,
me lapido y pido socorro. 
 
4
Con todas tus manos recojo tu ternura por la noche,
con todas tus manos ofrezco una sonrisa a cada estrella,
con todas tus manos entierro mi rostro en tu pecho.
con todas tus manos busco mi ruego. 
 
 
(Traducción: Joumana Haddad, libanesa)
 
Allí donde el río se incendia (2006)
Prólogo, selección y traducción del árabe de Joumana Haddad
Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, 2006, pp. 9-10
 

(Fuente: Óscar Limache)