«Mi poesía es débil»
La luz del amanecer es tapada por el smog.
La señorita Qin se da vuelta en la cama,
se quita el antifaz
y frunce el ceño.
La tristeza de ayer no ha pasado.
Un absurdo amor que llegó de improviso,
como un garrote en manos del dios del destino,
le golpeó la cabeza con tal fuerza que de pronto ardía entera
y cayó enferma, con las manos y los pies helados.
Con el mundo dándole vueltas,
tosió durante una semana como una tísica.
Qué mujer tan detestable es Anna Karénina.
Y, sin embargo, se le metió en el cuerpo.
La señorita Qin sacude la cabeza
y le grita a Anna, vestida a la moda victoriana:
Lárgate, mujer muerta.
La poesía, como una bruja vieja,
tira del pelo seco y amarillento de la señorita Qin.
«Sólo eres inteligente cuando escribes poesía»
le dice con una sonrisa torcida el guapo y joven poeta.
Ella corre desnuda hasta el espejo
y ve sus ojeras azuladas,
como una joven prostituta de la aldea Fenghuang,
inexperta y agotada por el exceso.
«¿Qué quieres expresar?
¿Eso que escribes es poesía?
¿Hay imágenes en tu poesía?»
Un maestro sonríe.
Él
la contempla.
El alma de ella se hace añicos en el suelo.
Quiero expresar todas las confusiones de una mujer.
Un hombre de talento una vez dijo:
mi poesía es el llanto de un bebé.
La señorita Qin se defiende.
«¡Deja de arruinar la poesía!
¡Tienes que definirte con claridad! Imagen, concisión, ritmo.
Espero que prestes atención».
El maestro enciende otro puro
y dice tranquilamente.
«Bueno, está bien.
Tal vez
yo sólo quiera encontrar un hombre
escribiendo poemas».
La señorita Qin se deja caer en el sofá.
Yo no soy más que
una mujer.
Desde el FIP Santiago / Festival Internacional de Poesía de Santiago
(Fuente: Descontexto)
