viernes, 18 de julio de 2025

Juan Manuel Roca (Medellín, Colombia, 1946)

 

Puede ser una imagen de 1 persona y sombrero 

 

LOS BANCOS

  
                   A Lucio Urtubia.
 
 

Descargan sacos,
monedas rojas
en una transfusión
de sangre.
 
Sus sacerdotes
miran subir con regocijo
la fiebre del termómetro
en los blancos hospitales.
 
Sus monedas lustrosas
poco a poco
se van llenando de costras,
de sudor y llagas
y entonces empieza
el tintineo de las registradoras
y el ruido seco
como un escupitajo
en el sombrero del mendigo. 
 
Los bancos
son los nuevos templos
con altares de hielo
y flores de estuco
donde la paciencia se arrodilla
mientras guardan en sus cajas
la tierra prometida.
 
Los becerros
amasados con barro
son convertidos por su dios,
un Midas escondido
tras sus tenues encajes,
en una torre de oro,
de mierda y oro. 
 
El hombre
que un día se despierta
y encuentra que su casa
es un vacío,
el que ha vuelto a ser
agricultor sin tierra,
un príncipe de sí mismo
convertido en batracio,
la viuda abrazada
a la sombra de una fuga,
son obligados a entrar
a su nave de rodillas,
feligreses de su obediencia.
 
La avaricia,
esa lepra del alma,
escupe en vasija de plata
y empañeta de asepsia
sus frisos y murales.
 
De vez en cuando,
un asaltante de bancos,
un especialista en retiros,
diga usted
un John Dillinger de barriada,
se anima y entra al templo
de los pulcros verdugos,
toma su botín,
ladrón que roba a ladrón,
y los diarios
hablarán del feroz sacrilegio.
 
Los bancos,
umbrales del infierno,
callejones conectados
a la red de las cloacas,
sucursales de una morgue
donde todo agoniza.
 
Ellos te buscan en secreto,
te invaden y vomitan,
saben todo de ti.
 
Ya vienen a buscarte,
ya vienen a entregarte
razones de tu muerte.
 
No te dejes engañar. 
 
La parca trabaja para ellos,
viste de recaudadora
de impuestos,
de feroz cobradora:
es una diosa hipotecada
a su servicio.
 
 
(Fuente: Lilian Silva G.) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario